DÍA 9: Tashkent

Sábado 25 de marzo de 2017

 

Suena el despertador tan temprano que ni las calles estaban puestas, ni qué decir de mi humor… tampoco estaba puesto.

Muy amablemente nos prepararon un súper desayuno para las horas que eran.

A las 6 menos cuarto estábamos ya en la recepción cargados de matules  y el taxista no tardó en llegar, íbamos sobadísimos.

El aeropuerto de Samarkanda es un fisco, como todos los aeropuertos uzbekos. Mientras estábamos esperando el embarque nos prometimos una y otra vez que íbamos a ir durmiendo todo el bendito vuelo… estábamos cansadísimos.

Ni una hora tardó el avión en aterrizar en Tashkent, cogimos nuestras maletas que por supuesto fueron las últimas en salir y salimos arrastrando los pies afuera donde ya estaban agolpados los “taxistas” esperando que saliéramos para ofrecernos sus servicios. Pactamos 30.000 som y nos metimos en el coche. Tráfico y más tráfico, eso es todo lo que podemos recordar de este trayecto.

Cuando llegamos al hotel, como era súper temprano nos ofrecieron entrar antes a la habitación previo pago de 80.000 som, tuvimos que aceptar… estábamos reventados.

¿Qué pasa? Que el “colega” de recepción, un pibito, empezó a pedirnos absurdeces, como por ejemplo, todos los resguardos de los hoteles donde nos habíamos alojado (este resguardo te lo tienen que dar siempre porque pueden solicitarlo a la salida del país) y yo le dije que ahora mismo tenía una maraña de tickets, papeles, ropa sucia, zapatos, cargadores etc etc, que no entendía para qué lo quería a lo que con mala pata me dijo que era norma del país… ¬¬  A ver… llevábamos más de una semana de ciudad en ciudad y no nos los pidieron nunca… Por supuesto no era necesario, pero el chico insistía… y nada, sólo si existe un dios divino sabrá con el humor que empecé a sacar todo aquello, y venga el chiquito a decirme que lo sentía que era obligatorio en el país y a mí venga a llenárseme la cachimba, ya no dijo nada más hasta que le solté que no iban a ser ellos el mejor hotel de todo el país y los demás a arriesgarse a ser multados o que les cerraran el chiringuito; total que el pobrecillo se quedó bien calladito, escaneó todos los resguardos y se le ocurrió soltar de primeras que la habitación no estaba lista, no lo dejé ni seguir, se me salían los ojos de órbita, y resulta que sólo trataba de decir que nos iban a dejar en otra habitación hasta que la nuestra estuviera lista, eso sí, con límite de las 12. Pedí perdón pero le dije que como a alguien se le ocurriera tocarme la puerta y despertarme “le escachaba la cabeza” (finalmente nos levantamos antes). Nos trajeron algo de fruta y agua, nos dimos un agüita y nos metimos en la cama hasta las 11:30.

¡¡¡Así si!!! Sólo necesitaba dormir una horita joe… salí de mejor humor y sonreí al recepcionista, su error con los papeles, mi error en las formas… el sueño lo curó todo.

Nos dieron la mejor habitación del hotel, que por cierto era una gozada, un lujo de hotel, nuevísimo.

Teníamos muchísima hambre así que buscamos un restaurante de comida europea en tripadvisor y allá que nos fuimos estrenando nuevo medio de transporte, el metro (que por cierto no teníamos muy cerca y tuvimos que caminar como 20 minutos hasta llegar a él. Mereció la pena porque atravesamos una de las arterias principales de la ciudad y pudimos ver algunas cosas llamativas como una señora con su pesa de baño en la calle y un cartel que decía 500 som). Hicimos un par de transbordos pero teníamos tantas ganas de cogerlo que no nos importó. El precio de cada viaje es de 1200 som (te dan a cambio unas moneditas de plástico de color azul que debes introducir), cada vez que entras tienes que pasar “un control” de maletas y bolsos, que consiste en que los abras y los policías te “regüelan” lo que llevas dentro.

No se pueden sacar fotos, cosa que yo no sabía y me llevé un gran responso de un militar, pero claro, ya había sacado unas pocas, no iba a borrarlas…

Así que aquí dejamos la prueba de nuestra comisión del delito… fotos un poco random, pero es lo que hay.

Es uno de los metros más bonitos en los que hemos estado, no “a lo grande” como el de Moscú, pero de verdad que es realmente bonito.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Llegamos a La Siesta Pub & Restaurant, caro, sí, pero comimos pollo en salsa de champiñones y un bistec de cerdo que casi me hace llorar, no me gusta mucho la carne pero vivir en Asia Central (paradójicamente) estaba haciendo que echara de menos la manera que tenemos en casa de prepararla, y además, la carne de cerdo.

Fueron los 155.000 som mejor pagos del mundo.

Salimos del restaurante y nos fuimos al Chorsu Bazar, que es el mayor de Tashkent y uno de los más concurridos, no recuerdo el precio, pero compramos un imán en una tiendecita de un señor muy mayor, estaba tirado de precio, nos vendió el imán a precio real, podía habernos pedido el oro y el moro, pero no, nos cobró el valor real.

 

 

 

 

 

 

 

Una vez recorrido de punta a punta salimos por la parte “trasera” para llegar a la Madrasa Kukeldash a la cual no hicimos ni por entrar porque ya habíamos entrado a muchas y por el tiempo, quedaban pocas horas de luz y queríamos ver un sitio más.

 

 

Justo a su lado se encuentra la Mezquita Khoja Akhrar a la que tampoco entramos. Es una de las más “diferentes” que hemos visto. Muy a la moda con sus cúpulas plateadas.

 

 

Volvimos a atravesar todo el mercado porque decidimos ir caminando hasta el siguiente punto que teníamos marcado.

 

 

Sí, volví a enfadarme, pero esta vez con AJ porque el caballerito no quiso callejear y acortar sino que seguimos lo que marcaba google maps como trayecto, y únicamente marcaba trayecto para coches ¬¬ ¡¡¡Miiiil años para llegar!!! Pero finalmente llegamos, más reventados que Jaime, pero llegamos.

Casi casi llegando a nuestro destino paré en un callejón a sacar una foto a unos desconchones que había en la pared, a pesar de que mi amigo Migue me dijo que soy una “basta”, me recordó a la isla de Tenerife y me sacó una sonrisa.

 

 

Y por fin llegamos al Complejo Hazrati Imom, es un lugar muy lleno de vida, habían muchísimos niños volando sus cometas, suponemos que no es un sitio muy recomendado por el hecho de que fue reconstruido en 2007 pero para nosotros merece muchísimo la pena llegar hasta aquí.

 

 

 

 

 

 

 

Decidimos que era hora de volver al hotel porque estábamos cansados y para que nos diera tiempo de comprar algunas botellas de vino.

Después de mucho buscar, un señor nos paró y nos hizo de taxi, con tan mala suerte que no entendió bien donde íbamos y a medio trayecto le dijimos que por qué se alejaba, volvimos a explicarle dónde queríamos ir y se echó las manos a la cabeza, era al lado opuesto de la ciudad y no le quedaba nada de paso.

Nos sentimos muy mal, creemos que fue nuestro fallo porque aunque el señor no miró bien la dirección que le mostramos, nosotros no insistimos. Al final le dimos algo más de lo pactado, 20.000 som más 5 dólares concretamente.

Cuando entramos a la tienda de vinos, justo donde nos dejó el taxi, elegimos 5 botellas pero… no podíamos pagar con tarjeta, tampoco cogían dólares y no teníamos suficientes som. Tuvimos que ir al hotel a cambiar 50$ a som y volver a por las botellas.

 

 

Una vez en el hotel pedimos algo de comida basura para cenar y así gastar los som que nos quedaban porque ya al día siguiente nos marchábamos del país.

Pagamos 75.000 som por el par de wraps unas bolitas de pollo y queso, papas fritas y unos refrescos.

Nos fuimos a la cama con la única premisa de dormir lo máximo para estar descansaditos en la vuelta. Lo mejor es que no había que madrugar.

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