DÍA 8: Shakhrisabz y Samarkanda

Viernes 24 de marzo de 2017

 

Madrugamos bastante porque queríamos hacer algunas visitas antes de poner rumbo a Shakhrisabz. Recuerdo perfectamente cómo en el desayuno me tocó esperar por mis crepes y tortillas porque el niño que estaba delante de mi cogiendo la comida cogió todos los huevos que quedaban, todos los crepes y todo el queso… pero no cogió 2 crepes ehh cogió como cinco, dos tortillas francesas, medio plato de queso, fruta, yogur… Esta fase de crecimiento la tiene a tope ¡cómo comía el condenado!

Salimos “como mistos” directitos al Siob Bazaar para dar una pequeña vueltita por el mercado. Pudimos impregnarnos del día a día de la gente, esto es Asia Central, no podemos dejarnos llevar por la “pequeña Dubai” que tenemos nosotros en Astaná (Kazajistán), esto es el auténtico Asia Central. La gente al 95% sigue yendo a sus mercados a comprar, y en Uzbekistán hemos vivido esto más profundamente, no vimos ni un sólo centro comercial (tal y como nosotros los conocemos).

 

-Dejo de liarme-

 

La gente nos miraba extrañados, pero tampoco paralizaban sus quehaceres por nosotros, compraban sus cosas y pa’ casa.

Vivimos una situación desagradable, una mujer nos ofrecía a su hija para que nos sacáramos una foto con ella, llevábamos un rato observando, pero ni los propios comerciantes les hacían caso, de hecho le hacían señas para que se fueran, nuestra impresión es que están hartos de que anden merodeando por allí. Para mí, y esto es muy personal, si tienes necesidad, debes buscarte la vida tú mismo, pidiendo o como mejor te parezca, pero no utilizar a tus hijos de esa manera. La niña estaba llorando porque no quería que su madre la pusiera en nuestros brazos, y nosotros, por supuesto no la cogimos.

He de aclarar que sólo nos sucedió esta vez en todo el viaje, en nuestro viaje a Kenia y Tanzania sí que era algo recurrente.

 

 

 

 

 

Atravesamos el mercado para dirigirnos al Pasillo de las Tumbas Timúridas (Shah i Zinda) -18 mausoleos para ser exactos- para llegar hay que cruzar una carretera bastante transitada (o nosotros  no dimos con otro lugar para cruzar) y como temíamos por nuestra vida lo que hicimos fue convertirnos en “peces rémora” y pegarnos a los uzbekos que cruzaban con una parsimonia y una seguridad que ya quisiéramos para nosotros en general en nuestra vida.

Llegamos al complejo y pagamos los 10.000 som por persona  de la entrada y nos pusimos a entrar uno por uno a los mausoleos, he de decir que casi no poníamos asunto a quién estaba en cada mausoleo, nos embobábamos mirando las decoraciones y la cantidad de gente uzbeka que estaba llegando.

Cuando llegamos al último, estaba intentando sacar una foto pero no había manera porque siempre se metía en medio una chica, me puse de los nervios hasta que descubrimos que nos estaban sacando fotos “destrangis” xD. Luego se atrevieron a pedirnos fotos directamente y lo que iba a ser una se convirtió en la fiesta de la foto, con la mujer, con el marido, con los dos, con las primas, con los maridos de las primas, todos juntos, separados, mirando aquí, mirando allá… la verdad es que fue divertido. Nos contaron que eran de la región del Karakalpakstán y que nunca habían salido de su pueblo hasta ahora y no habían visto en persona a europeos. Nosotros les comentamos que estuvimos por su zona viendo lo que fue el Mar de Aral.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nos acercamos un poco a la Mezquita Hazrat-Hizr para verla mejor, pero decidimos no entrar, ya que en el viaje hemos entrado a muchísimas y necesitábamos economizar un poco.

 

 

Volvimos a desandar nuestros pasos y esta vez cruzamos solitos, ¡nos vinimos arriba! aprendemos rápido… xD.

Justo al lado del mercado habíamos dejado para la vuelta la Mezquita de Bibi Khanum,  nos la esperábamos un poco más… ‘no sé’… pero desde lejos y con perspectiva lucía tan impresionante que una vez comprados los tickets (17.000 som por persona) y llegado al patio interior pues… ni fu ni fa, bonito, amplio y ‘poco’ más.

 

 

 

 

 

Salimos ya con idea de meternos el turbo para llegar puntuales a nuestra quedada con el taxista que nos llevaría hasta Shakhrisabz, por lo que decidimos no entrar al Mausoleo de Bibi Khanum que queda justo en frente de la Mezquita. Lo vimos por fuera, y como diría un conocido … “jumo”.

 

 

Decidimos callejear un poco para acortar camino y ver calles diferentes, y en serio… es tan tan auténtico… En Bujara unos chicos a los que les comimos la oreja un rato mientras veíamos las coreografías de las niñas nos comentaron que Samarcanda era su ciudad favorita, porque tenía de todo (cuán relativo es eso señores…).

 

 

Llegamos al hotel con el tiempo justo de subir, coger algo de abrigo y cuando estábamos bajando las escaleras ya estaba nuestro taxista entrando a la recepción a recogernos.

Durante el trayecto se sorprendía que yo pudiera leer ruso y entender un poco de lo que leía, y a mí lo que más me sorprendía es su perfecto inglés. Era un pibito joven, unos 33 años le echo.

El paisaje empezó a cambiar de manera increíble… “Guaj, ¿dónde estamos?” pensé… ¡¡¡MOOOONTAÑAS!!! Hooombre… Así si, eso era un paisaje con fundamento ños, que nos hemos mandado todo el viaje viendo desierto y más desierto.

Hicimos una paradita técnica para que fotografiáramos el paisaje y flipamos.

 

 

 

 

La segunda parada técnica la hicimos ya en la cima antes de comenzar a bajar, había un pequeño mercado improvisado, los vendedores tenían sus maleteros abiertos y habían puesto una mesa o silla para poner algunos de los productos. No nos detuvimos mucho porque quedaba todavía bastante rato de trayecto.

 

 

Y por fin llegamos a Shakhrisabz, la ciudad verde, ciudad natal de Amir Timur o como se le conoce en occidente, Tamerlán, (sólo el diablo sabe la de veces que me trabo al pronunciar o escribir el nombre de esta ciudad) tras 2 horitas y algo. Sabíamos que no teníamos mucho tiempo para estar aquí pero tan sólo por la belleza del trayecto había merecido la pena.

Quedamos con nuestro chofer en que nos recogiera en la otra punta del recinto donde se encontraba todo lo que queríamos ver. Y allí que entramos… (es un recinto amurallado).

 

 

Lo primero con lo que nos encontramos es con el Palacio de Ak Sarai del que sólo quedan en pie sus muros. Fue construido por orden de Tamerlán en el s. XIV porque el señor quería utilizarlo como residencia de verano.

No pagamos lo que nos pedían, teníamos que economizar, a veces somos así de rancios. La señora nos echó un buen responso pero seguimos caminando sin pasar por el medio de los muros.

 

 

Justo después, y sin caminar mucho, nos tropezamos con la Estatua de Amir Timur.

 

 

Seguimos caminando y la vista se nos fue a la Madrasa Chubin que alberga el museo de Amir Temur. No pudimos entrar porque se encontraba cerrada.

 

 

La verdad no hacemos mucho por entrar a los siguientes sitios que nos vamos encontrando ya que habíamos leído que no tenían mayor interés.

  • Mezquita Azhdar

 

 

  • Antiguos baños

 

 

  • Mezquita Kunduzak

 

 

Finalmente llegamos al conjunto funeral Dorut-Tillyavat (que significa “lugar de reflexión”) donde se encuentra la Mezquita Kok Gumbaz, nos cobraron 5.000 som por cabeza. Kok Gumbaz significa “cúpula azul” y fue construída bajo el gobierno de Ulugbek.

En el mismo recinto pudimos visitar el mausoleo de los descendientes de Amir Timur.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A la salida del recinto nos dirigimos al frente, donde nos encontramos con el Dorus Saodat, que significa “la morada de los poderosos” donde se encuentra el mausoleo del hijo de mayor y predilecto de Amir Timur que murió en la batalla.

 

 

 

El lugar que más nos descolocó de esta zona se encontraba detrás del Dorus Saodat. Y es el sitio donde quiso Amir Timur que descansaran sus restos mortales, y que finalmente no fue así. Siempre pensamos que eso de que este señor quiso que se le diera sepultura en un sitio sencillo era algo inventado por los uzbekos para intentar mejorar la imagen que tiene mucha gente de él. Pues no, es un lugar mucho más que sencillo que se encuentra bajando unas pocas escaleras que conducen a una pequeñísima cripta sin ninguna ornamentación.

 

 

Cuando salimos y nos dirigimos a donde habíamos quedado con el taxista comentamos lo poco que nos gustó el lugar, de todo lo que habíamos visitado hasta el momento, lo que menos nos gustó fue Shakhrisabz y es que desde que atravesamos la puerta de la muralla tuvimos la sensación de estar en el disney de Uzbekistán en el sentido de que todo está rodeado por una especie de apartamentos, restaurantes con carteles disney y muchos puestos de feria… En nuestra opinión, esto le quita un poco de encanto al sitio, una cosa es acondicionar y otra en lo que estaban convirtiendo aquello.

 

 

 

Volvimos a ponernos en marcha para regresar a Samarkanda pero hicimos un alto en el camino para comer la que me pareció la mejor carne que habíamos comido en todo el viaje. Era cordero, tiernito, con buen sabor, no el mismo de todo el viaje, encima todo baratísimo (42.000 som en total). El sitio era precioso, una especie de casitas abiertas con una suerte de camas en la que había una mesa en medio, corría agua en un riachuelo que bajaba de las montañas, era un sitio bastante idílico que no supimos retratar bien (como siempre) y es una pena.

Aprovechamos para hablar un poco con nuestro taxista, que comió con nosotros, y nos contó que hablaba inglés porque de vez en cuando va a Abu Dhabi a trabajar de repartidor en un restaurante ruso y que “por fuerza” ha aprendido -y es que lo maneja a la perfección-. También nos comentó que tenía un niño de 3 años y que este día había cancelado una práctica de camión (está sacándose el carnet) para hacernos de chófer.

Nos dijo que había vino en Uzbekistán, cosa que nos sorprendió mucho, y que incluso, se puede visitar la bodega del más ‘famoso’, que además se encuentra en Samarkanda… Nunca hubiéramos imaginado que hubiera vino en este país.

 

 

Cuando llegamos a Samarkanda el chófer, tras varias paradas fallidas, encontró un sitio donde comprar una botella de vino uzbeko, Bagizagan se llama este vino (a nuestra llegada a casa lo probamos y es dulcito y bastante bueno).

Nos dejó en el hotel y aprovechamos para dejar los abrigos. Rápidamente nos pusimos en marcha, queríamos ver el verdadero mausoleo de Amir Timur así que fuimos a pie desde el hotel y callejeando un poco.

Llegamos al Gur-e-Amir, o lo que es lo mismo al lugar donde se encuentra el Mausoleo de Amir Timur, en unos 25 minutos, pagamos los 17.000 som por persona que nos pidieron y allí que entramos.

 

 

 

 

 

 

A la salida compramos un imán caro que da miedo… 2$, pero bueno.

Decidimos que era hora de comer comida europea así que buscamos una pizzería en internet (Pizzería Venecia) y estaba a unos 20 minutos caminando desde donde estábamos por lo que allá que fuimos.

To be honest… es la peor pizza que me he comido en mi vida, el queso era súper extraño, pero preferimos eso antes que volver a comer carne. Ya habíamos leído que el único país en el que se puede conseguir queso decente era en Kazajistán.

Pagamos 62100 som por dos pizzas, una botella de agua y una pepsi.

Volvimos al hotel caminando e hicimos una última paradita para despedirnos como dios manda de la ciudad, en el Registan.

 

 

Reservamos taxi para la mañana siguiente muy temprano, volaríamos a las 7:55 rumbo a la capital y necesitábamos estar en el aeropuerto por lo menos a las 7:00.

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