DÍA 6: Bujara

Miércoles 22 de marzo de 2017

 

Nos despertamos tempranito y bajamos a desayunar a la hora pactada.

Un desayuno más que completo… como cada día del viaje… esos crepes con queso me están matando… paso el día babeando por ellos xD. Y por los huevos, la mermelada, el té el yogur…

Mientras desayunábamos decidimos tomarnos el día con calma, la zona “turística” de Bujara es relativamente pequeña, así que iríamos con toda la pachorra del mundo.

Salimos del hotel y en el callejoncillo que llegaba al estanque siempre había olor a gas (si fuera España hubiera dicho “huele a butano” xD pero en Uzbekistán lo que se estila es el metano o el propano… no sé si sólo para los coches o si se podrá utilizar para algo más en casa).
La primera visita que queríamos hacer era el Chor Minor que está un poco alejado del centro. No tuvimos pérdida para llegar, un señor que nos vio por los callejones nos indicó sin nosotros pedirle ayuda. Súper amable.

Justo cuando llegamos lo estaban cerrando, no sabemos el porqué, pero lo rodeamos (y vimos a unas niñas que nos dijeron “hello” como 15 veces jejeje, tenían ganas de conversación)  y nos sentamos en un banquito a mirarlo un poco más antes de reemprender la marcha.

 

 

Decidimos callejear un poco para volver al estanque, las calles en Uzbekistán son muy auténticas, no están empichadas y cuando llueve se forman charquitos en mitad del camino (tuvimos que sortear alguno).

 

 

Y partimos hacia la plaza Po-i-Kalon, de camino a ésta atravesamos el Zoco de los tejedores de alfombras (Taqi Telpak Furusho), que se lo tienen todo muy bien estudiado y tienen fotos de Aladdín en algunos carteles, el marketing es el marketing.

 

 

Atravesado el pequeño zoco caminamos un poco y nos desviamos para ver las Madrasas Ulugbek y la de Abdul Aziz Jan. No hicimos ni por entrar la verdad, había leído que dentro habían tiendas de manteles y otros souvenirs y no quisimos entretenernos.

 

 

 

Atravesamos el Zoco de los joyeros (Taqi Zargaron) que estaba al lado de una de las madrasas y una vez llegamos a la plaza Po-i-Kalón nos encontramos con una madrasa, una mezquita y un minarete de 48 metros. Ayer ya habíamos pasado por aquí pero sin detenernos especialmente.

 

 

Entramos a la madrasa y resulta ser que es un colegio islámico, y comenzaron a aparecer estudiantes por todos lados. Es preciosa, su patio interior también es muy bonito. No hicimos muchas fotos dentro porque había un profesor explicando alguna cosa a un grupo grande de alumnos y no queríamos entretenernos e importunar.

 

 

 

Justo enfrente se encuentra la mezquita y a su lado, el Minarete Kalon, que estaba cerrado por reformas… (vaya pena nos quedó -ironía modo ON-, con lo “esrrengaditos” que estábamos no necesitábamos seguir destrozándonos el cuerpo).

 

 

Entramos a la mezquita previo pago de 12.000 som (en total dos personas) y 2.000 más por la cámara.

El patio de la mezquita es precioso, estuvimos un buen rato haciéndonos fotos, lo mejor de todo es que no había mucha gente y pudimos absorber la paz del lugar.

 

 

 

 

 

En sí, el interior de la mezquita no es gran cosa, un lugar muy austero con poca o casi inexistente ornamentación. Tan sólo un pequeño altar decorado y el resto de paredes completamente blancas.

 

 

Cuando salimos, nos dirigimos al siguiente punto que habíamos marcado en nuestro itinerario, la Prisión Zindan.

Llegar a la prisión nos ocupó más tiempo del que inicialmente pensábamos, ya que nos estuvimos parando todo el camino para hacer fotos, de coches del año de la rasca, de los caminos que eran auténticos lodazales… ¡Pero llegamos! Y yuju… estábamos un pelín escarretados por nuestra subida a uno de los minaretes en Jiva y cuando vimos todas aquellas escaleras pa’ subir (lo estoy exagerando, sí, no son tantas, pero cuando uno va con los dolores y calambrazos que yo tenía en la pierna derecha no puede ver las cosas con más perspectiva xDD).

 

 

 

La entrada a la prisión es un poco cara para lo que ofrece (in my opinion, as always) pagamos 9.000 som por los dos más la cámara (que of course nos cobraron sin preguntar… si ven algo relacionado con cámara te espichan el importe “de oficio”).

La prisión es “pequeña” lo que nos hacía imaginar que todas las personas que allí ‘convivieron’ lo hacían hacinadas. El patio consta de una pequeña terraza -por decirlo de alguna manera- y un pasillo estrecho y minúsculo donde los presos podían “estirar las patas”…
Las salitas museo de la prisión no tenían mucha ‘chicha’ la verdad…

Estuvimos allí menos tiempo del que pensábamos, la imaginábamos un poco más grande.

 

 

 

Desandamos nuestros pasos para acercarnos a la ciudadela El Ark, pero cuando llegamos a la plaza que está frente a ella, había un espectáculo por las fiestas de Navroz (Nauryz) y estuvimos un buen rato entretenidos viendo las actuaciones.

Una de las cosas que más me sorprendían era que nadie podía estar “en el interior de la plaza”, había policías que hacían de barrera para que nadie se acercara.

Las actuaciones que vimos eran muchos bailes tradicionales sobre el escenario, además que en cada esquina habían dos profesoras que iban haciendo una coreografía que repetían las mujeres que estaban muy bien colocadas a los lados del escenario.

También vimos una especie de representación en la que bajo un grupo de gente (unos 6 – 7) iban con frutas y otras cosas en las manos de un lado al otro de la plaza y entraban a una pequeña yurta que había en uno de los laterales de la plaza, como para hacer la ofrenda.

Cuando terminaban las canciones yo aplaudía, pero ni un alma más en aquellos alrededores hacía lo mismo. Absolutamente nadie. 0 aplausos.

 

 

 

 

 

Nos entretuvimos un buen rato allí mirando embobadillos, y cuando tuvimos bastante, decidimos entrar a la Ciudadela El Ark, no logramos entendernos muy bien con las mujeres que cobraban los tickets, pero vamos, había una zona que no estaba abierta justo hoy por las fiestas. Pagamos el ticket, carísimo, creo recordar que fueron 8.000 som y el interior… pues deja bastante que desear. Montón de puestitos de souvenirs y poquito más.

 

 

 

 

 

Cuando salimos de la ciudadela cruzamos la calle y vimos los primeros dos coches que no eran Chevrolet ni Lada, Toyotas, pero no de esos pequeños, sino grandes, majestuosos… Y de ellos bajaron lo que parecía ser autoridades, porque iban trajeados y a ellos sí que les dejaron pasar por el medio de la plaza.

Como yo estaba “‘j’ambriando” con todas las letras, en mayúsculas y fosforitas así que decidimos comer justo al lado de la mezquita Bolo Hauz, en un restaurante con el mismo nombre, Bolo Xauz Choyxonasi, estaba abarrotado de gente pero conseguimos mesa.

No pedimos gran cosa, una coca cola, una botella de agua, pan, papas fritas, una ensalada que bauticé como ‘la ensalada chunga’ (porque el tomate estaba tan pasado que no creo que sirviera ni para hacer salsa…) y dos platos de pollo asado que me supo a gloria bendita del cielo de mi vida… xD En total costaba 48.900 som pero nos fuimos sin esperar el cambio de 50.000, no somos muy de dejar propinas, pero en este viaje estábamos especialmente espléndidos.

Nos acercamos a la mezquita y no hicimos ni el amago de entrar, ya que estaba llegando muchísima gente para rezar, no nos parecía muy correcto. Nos sentamos junto en frente a admirar un poco el exterior y de repente, un chico se quitó sus zapatos, pero en vez de entrar, se quedó por fuera y empezó a rezar en alto. Y allí que nos estuvimos respirando de aquella paz.

Cuando mi vista se clavó en el pequeño minarete que hay en un lado de la mezquita, desperté de aquel ‘entontecimiento’ y propuse ir al siguiente punto que habíamos señalado.

 

 

 

 

Viento en popa a toda vela cuando íbamos directos a atravesar el parque que nos llevaría al monumento más antiguo de Bujara, a mano izquierda divisé dos madrasas que no teníamos en nuestro planning y fuimos hacia ellas.

Están en la plaza del Parque Somodins, y son igualmente bellas que el resto, no sé por qué no se las recomienda visitar también.

En la Madrasa Madari Khan pudimos entrar sin problema, no nos cobraron nada.

 

 

 

La Madrasa Abdulla Khan estaba cerrada, sólo pudimos contemplarla por fuera.

 

 

No entiendo cómo es que no se recomiendan estas madrasas, sólo verlas por fuera ya es un espectáculo (bueno, es que a mi me motiva muchísimo este tipo de arquitectura y decoración jeje).

Volvimos un poco hacia atrás y entramos en el parque que nos llevaría hasta el Mausoleo de Ismail Samani, el monumento más antiguo de Bujara.

Para llegar tuvimos que atravesar un parque en el que había una feria montada, con su noria y sus atracciones. El mausoleo en sí nos dijo bastante poco, pero claro… ”pa’ gustos los colores”. Aún así el paseito hasta llegar a éste estuvo bastante bien.

 

 

 

 

Desandamos nuestros pasos volviendo a pasar por la ciudadela y el Minarete Kalon y nos acercamos hasta el Zoco de los cambiadores de dinero (Taqi Sarrafon), más de lo mismo de los otros la verdad, compramos nuestro imán de recuerdo y decidimos acercarnos hasta la estación de tren para comprar los tickets de mañana (hasta Samarcanda).

Nos pararon un señor y su nieto que se ofreció a hacernos de taxi, nos pidió 20.000 som, nos pareció bien y aceptamos.

Por el camino acordamos que nos esperaría y nos llevaría de vuelta.

Pensábamos que sería coser y cantar, pero no… en Uzbekistán el concepto de “fila” no lo tienen interiorizado… había gente por todos lados colándose, se agolpaban en las taquillas y empujaban todo lo que podían, en fin… ¡Experiencias!

Total que cuando por fin nos tocó nos llevamos el primer chasco, no quedaban tickets para primera hora de la mañana (shit!). Así que cogimos los de las 15:20 h. Pasamos un poco de apuro porque no permitían pagar en dólares ni con tarjeta y pensábamos que no tendríamos som suficientes, ¡pero sí! Menos mal… compramos los dos billetes por 96.000  som en total.

El pobre taxista y su nieto no estaban esperando en el mismo sitio una hora y media después… ¡Benditos!

Pactamos con el señor que nos llevara a la estación el día siguiente a las 14:00 horas por 20.000 som y nos dejó en el mismo punto en que nos recogió (durante el trayecto no dejó de llover).

Decidimos que era momento de ir a ver el estadio del Bujara Fútbol Club (xD)… me encanta ver todos los estadios del mundo.

Pudimos entrar, no había nadie controlando el acceso, así que dimos una vueltita al estadio y cuando queríamos salir… habían cerrado la verja que rodeaba el estadio, tuvimos que salir por un hueco del jardín xD.

 

 

 

 

Fuimos directos al hotel para cambiar algo de dinero, esta vez tuvimos mejor cambio, por 1$ nos dieron 7000 som 🙂 (eso si, tooodo en billetes de 1000, una desgracia). Por lo que una vez más, estábamos sacándole muchísima rentabilidad.

 

 

Y tras este cambio y volver a tener los bolsos llenos de dinero, nos dirigimos al mismo restaurante de ayer por la noche para cenar, teníamos claro lo que queríamos pedir, una bandejita de pollo y dos platos de papas fritas.

El camarero no sabía lo que eran french fries… xD pero finalmente, cuando se lo dijimos en ruso entendió (estábamos de un rusoparlante que no nos aguantábamos ni nosotros xDD).

El pollo estaba bueno, pero tenía demasiado sabor a canela, sí… canela… nosotros tampoco entendíamos el porqué.

Pedimos los helados de turno, pagamos 67.800 som (redondeamos a 68.000) y a dormir que nos fuimos.

De camino al hotel decidimos alargar la mañana en el hotel todo lo posible, ya habíamos visto Bujara y así estaríamos bastante descansaditos para Samarcanda.

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