DÍA 4: Jiva

Lunes 20 de marzo de 2017

 

Bajamos al desayuno a las 9 de la mañana tal y como habíamos quedado con la recepcionista, ya teníamos la mesita bien preparada y llena de cosas… ¡cómo nos estaban cuidando en Uzbekistán! Huevos guisados, pan, mermelada, yogur, té … Teníamos de todo, así si daba gusto levantarse jejeje.

En cuanto terminamos el desayuno nos pusimos en marcha, podíamos haber salido rodando, sobre todo yo, pero no… levantaba los pies como buenamente podía y continuaba la marcha. Pasamos por “la oficina de la entrada”, donde venden las entradas a todos los museos, es un precio único para todos menos para 2 ó 3 atracciones en las que hay que pagar aparte. 

Como en un principio no estábamos muy convencidos decidimos salir, ir al primero de los sitios que teníamos marcados y ya luego veríamos qué hacer con los demás museos.

Por supuesto, el más trabajador de todo Jiva, ya estaba en su puesto de trabajo (pobrecito). El camello está en ese lugar desde las 9 de la mañana hasta las 18 horas de la tarde, sin descanso, a la espera de algún turista que quiera subirse para hacerse la foto de recuerdo.

 

 

Cuando llegamos al primer punto, la Mezquita Juma, y no nos dejaron pasar, nos dimos cuenta que mejor pagar el ticket de entrada a todos los museos, ya que este ticket incluía algunos puntos que nosotros queríamos visitar. Y aunque no somos muy fans de los museos en general decidimos ir entrando a los que nos fuéramos encontrando por el camino a los sitios que sí que queríamos visitar.

Compramos el ticket más el extra por la cámara que nos lo estaban endosando por la cara y sin preguntar, así que le dijimos muy serios que éramos nosotros los que decidíamos si pagarlo o no, y la señora con un poco de cara de asco nos dijo cuánto era el precio del ticket general y cuánto el de la cámara. Decidimos pagarlo más que nada porque era un poco simbólico y si ayudara a la conservación del lugar, bien pagado estaría, pero vamos, en la mitad de los sitios ni nos pedían los tickets (que se suponía que tenían que irnos sellando). En total pagamos 36.000 som, permiso de cámara incluído, lo cual me sorprendió un poco porque a los chicos del blog de Chavetas le cobraron exactamente lo mismo y les ‘regalaron’ el ticket de la cámara, pero a nosotros nos dieron los precios por separado y al sumar nos daban los 36.000 som que pagamos.

El ticket dura dos días, aunque sólo puedes visitar los sitios una sóla vez. Nosotros ayer no compramos el ticket porque no teníamos intención de hacer ninguna visita, sólo queríamos perdernos por la ciudad.

** Quisiera hacer un pequeño inciso, y es que hay muchos museos, y a cada uno le han denominado de una manera concreta, “de la música, de medicina, de artes aplicadas…” pero nuestra sensación una vez entrábamos en ellos es que todos tienen de to’, son museos un poco “random”, lo mismo en el de medicina encuentras un cuerpo de bebé con dos cabezas en formol, como un instrumento musical de la época o un cuadro…

No digo que no sea interesante ver todo lo que hay dentro de los museos, eso queda en la opinión personal de cada persona, sólo digo que las denominaciones de los museos son un poco por llamarlas de algún modo.

[Una cosa que me revienta del país es que en muchos sitios se meten “al bolsillo” el dinero que pagas por algo. Hay que entender la situación del país etc etc pero me da rabia que en muchas ocasiones el dinero que pagamos sea para el bien propio y no del país]

Dicho esto, comenzamos nuevamente nuestro recorrido, que iré detallando con puntos para que no sea muy engorroso.

De camino a nuestra primera visita hicimos una primera parada en la tienda de marionetas y souvenirs de Alibabá y los 40 ladrones jeje.

 

 

 

Esta tiendecita se encuentra bajo la Madrasa Mohammed Amin Khan, que es la más grande de Uzbekistán y que actualmente es un hotel.

Y tras esta breve parada comenzamos con las visitas.

  • Minarete Kalta Minor. Se encuentra frente a la Madrasa Mohammed Amin Khan. Su conjunto debía ser el más grandioso del mundo musulmán pero el minarete se quedó sin terminar. La “leyenda” cuenta que el arquitecto que lo iba a construir fue arrojado desde el mismo ya que el Khan se enteró que iba a construir uno más alto en Bujará.

 

 

 

Tras una brevísima parada aquí continuamos hasta …

  • Mezquita Juma. Este era uno de los puntos que teníamos marcados para visitar sí o sí, porque presentaba algo diferente. En su interior está lleno de columnas talladas de madera, más de doscientas. Le entra luz por un mihrab. Es un lugar bastante especial.

 

 

 

 

  • Minarete de Islam Khodja. Es el minarete más alto de Jiva, con unos 50 y pico metros de alto. Este es uno de los monumentos en los que hay que pagar aparte, nos cobraron 3.500 som por persona.
    Se obtienen unas vistas muy buenas de la ciudad, eso si… hay que prepararse mentalmente tanto para la subida como para la bajada. No apto para claustrofóbicos. Yo me reventé la pierna izquierda, estuve cojeando los siguientes días, ya que es una escalera de caracol, estrecha, en la que nadie controla cuántas personas suben o bajan, así que puedes ‘tropezar’ con gente subiendo o bajando a la misma vez que tú haces el trayecto a la inversa, es agobiante, no hay casi luz, los escalones son irregulares (como en la mayoría de monumentos de Uzbekistán) y son muy inclinados, cuando bajas impresiona bastante.

    A los pies del minarete se encuentra la madrasa que lleva el mismo nombre, convertida en museo, concretamente el Museo de Artes Aplicadas, aunque como ya he comentado, dentro puedes encontrar de to’.

 

 

 

  • Mausoleo de Pahlavan Mahmud. El que se dice es el lugar más sagrado de Jiva (lo cierto es que durante todo el día vimos unas 8 bodas -no exagero- y todas iban peregrinando a este lugar).
    En la entrada hay un pozo y una pequeña fuente con llaves que abren los novios para llenar un vaso con el agua que sale y dar de beber a la esposa.
    Tuvimos la suerte de ver cómo el Imam comenzaba a hacer el salat (rezar), como siempre digo, no soy creyente, pero todo lo que tiene que ver con Mezquitas o con este tipo de rezos me transmiten muchísima paz.

 

 

 

 

  • Justo enfrente del Mausoleo estaba el Museo de la Medicina y decidimos entrar más que nada para ver la madrasa por dentro. Lo que más nos sorprendió fue ver un bebé con dos cabezas metido en formol que la verdad es que daba cosilla… Aparte de unos pocos bisturíes y algún que otro utensilio médico vimos ropas, joyas e instrumentos uzbekos.

 

 

Tras nuestra asistencia a tantas bodas sin convite, y aunque aún era temprano, decidimos que era mejor irnos a comer ya, porque teníamos el ombligo pegado a la espalda.

Por cierto… tremendos fotones de boda, de ensueño la verdad. Los trajes de las chicas eran todos del mismo estilo, parte de arriba ajustada y de cintura para abajo la fiesta del cancán.
Preguntamos que si era normal casarse en esta época y nos dijeron que no… ¡¡¡vimos 8 bodas el mismo día!!! Si llega a ser una fecha normal ¿con cuántas bodas podríamos haber tropezado?

 

 

 

Entramos a comer en un sitio que vimos el día anterior (Tea House Zainab & Rashid)  y que nos dio buena pinta (tampoco es que encuentres muchísimos) y probamos uno de los platos típicos que no recordamos cómo se llama pero vamos, es una especie de pasta verde con algo de carne y papas. No nos emocionó mucho, estaba bueno, sin más. Además pedimos pan, las famosas samsa (especie de empanadillas de carne), una sopa tipiquísima en Asia Central y Rusia pero que es originaria de Ucrania, el borsh (de col y beterrada), más un 7up de litro y medio… sí, de 1,5… es gracioso, pero no sé si es que como era temporada baja casi ningún negocio tenía refrescos individuales, o que eso no se estila mucho por estos lares, pero nos volvió a pasar por la tarde…

Pagamos por la comida 51.000 som pero les dejamos el cambio (1.000 som).

 

 

Reemprendimos nuestra marcha y decidimos ir a dar otra vuelta (Itchan Kala es realmente pequeño) y entrar a los museos y madrasas que fuéramos encontrando

  • Dimos con el  Ancient Khorezm Museum, (que está cerquita de la Mezquita Juma) así que entramos a ver qué había por allí. Estaba relacionado sobre todo con el Avesta, que es el libro más sagrado del Zoroastrismo (una de las primeras religiones de la humanidad).
    En esta madrasa (las mujeres que la ‘custodiaban’ no salieron ni a sellarnos el pase) vimos varias dependencias relacionadas con el Avesta.

 

 

 

 

  • Cuando salimos decidimos ir a sacar unas fotitos y volver a ver (y si era posible, entrar) a la madrasa Allakuli Khan… Y allá que fuimos pero justo cuando subimos al patio exterior de la madrasa de enfrente para hacer las fotos, vimos que justo esa madrasa era otro museo visitable, el de la Naturaleza, y… entramos, pero nada de muchísimo interés (para nosotros of course).
    Lo mejor de estos museos, en nuestra opinión, era poder ver las madrasas por dentro, y la de esta en concreto nos gustó mucho.

 

 

 

 

  • Cruzamos hasta la Madrasa Allakuli Khan. Fue una de las más que nos gustó… no por nada especial, pero creemos que al verla tan cerquita y en altura, le cogimos cariño xDD. La verdad es que por dentro estaba en obras y tampoco es que tuviera nada espectacular.

 

 

  • Justo al lado del Museo de la Naturaleza, a su derecha se encuentra la Madrasa Tash Hovli. Significa  “Casa de Piedra”. Que hoy día es el museo de la arquitectura. Tiene 150 dependencias. En el centro del patio principal se encuentra una gran plataforma donde se dice se montaban las yurtas de los invitados del Khan.
    Nos gustó mucho este lugar a pesar de que las señoras nos pusieran muy mala cara por no quererles comprar nada (hasta ahora no nos había pasado).

 

 

 

 

Llegado a este punto decidimos ir a descansar un poco al hotel ya que teníamos bastante tiempo para ver las cosas que nos faltaban y queríamos ver el atardecer en Kunya Ark.

Estuvimos unos 40 minutos y volvimos a salir al seguir con nuestro día.

Primero decidimos ir a otro sitio que no teníamos marcado en nuestro planning, que habíamos visto cuando subimos por la mañana al Minarete Islam Khodja y al que llegamos tras callejear un poco por otra zona de Jiva desconocida para nosotros hasta ese entonces.

 

 

 

 

 

  • Llegamos a la Madrasa ”Sin Nombre”, la bautizamos así, estaba completamente en obras y lo único que pudimos leer en ese cartel que se ve en la imagen es que se estaba rehabilitando con fondos chinos…

 

 

Volvimos desandando la mitad de nuestros pasos, para llegar al penúltimo lugar que queríamos visitar hoy.

  • Madrasa de Muhammad Rahim Khan. Que también es el museo de historia. Y que una vez más nos cautiva más por el edificio que por el contenido del mismo.

 

 

 

 

Y cuando vamos decididos a entrar a Kunya Ark, sorpresa, estaba cerrado. Se nos puso cara de tontísimos… Tras el shock inicial decidimos ir donde compramos los tickets para preguntar porque ellos nos habían dicho que cerraba a las 18:00h y faltaba un ratito para ello. Y una vez allí nos insistieron que estaba abierta, que fuéramos…

Llegamos a pensar que nos habíamos equivocado, pero cuando volvimos, vimos nuevamente que tenía el candado y estaba cerrado. Dimos la vuelta para volver a hablar con las chicas que nos atendieron y ellas mismas pudieron constatar que estaba completamente ‘chapado’, su cara era de circunstancias… estaba claro que lo habían cerrado antes. Así que nos dijeron que volviéramos mañana que abrían a las 8.

Nos quedamos apenadísimos… y nos lo vieron en la cara, así que decidieron “invitarnos” a ver una especie de fiesta personal que hacían en el patio del Restaurante Basavul Boshi que queda prácticamente a la izquierda de la Madrasa de Muhammad Rahim Khan.

La fiesta consistía en que las señoras preparaban un dulce muy típico que no lleva nada de azúcar extra y que nos recordó en la textura al dulce de leche… muy muy bueno, el Sumalaik, lo tienen al fuego durante 12 horas, no pueden dejar de remover y le van echando agua si lo necesita… La verdad es que fue todo un acierto, pasamos un rato muy agradable viendo cómo lo hacían.

 

 

 

Era tanto el calor que desprendía que decidimos entrar al restaurante y tomar algo… Of course no tenían agua y nos ofrecieron una coca cola de litro y medio recaliente… Pero nos bebimos lo que pudimos y la acompañamos con dos trocitos de tarta preparada con sumalaik, buenísima.

 

 

Cuando terminamos salimos a callejear un poco por la ciudad, por las zonas que no habíamos visitado y dimos con un acceso a la muralla peeeero… preferimos salir fuera de la muralla (Dishan Kala) para acercarnos a un sitio con buena pinta. Así hicimos y llegamos al siguiente punto.

 

 

 

  • Puertas Jazarasp – Darvaza. Una de las diez puertas que también formaban parte del sistema defensivo de Jiva.

 

 

  • Khorezm Mamun Academy.

 

 

  • Vistas de Itchan Kala desde fuera de la muralla.

 

 

Antes de que se hiciera de noche volvimos para pasear un poco por la muralla, nos encantaron las vistas, pero nada que ver con lo que nos íbamos a encontrar mañana.

 

 

 

No estuvo nada mal, pero he de decir que el acceso a la muralla está un pelín descuidado, hay que ser prudentes subiendo a la misma.

Cuando ya habíamos bajado la muralla propuse irnos a tomar algo fresquito al restaurante con nuestras vistas favoritas… El Bir Gumbaz frente al Kalta Minor… Y allá que nos fuimos.

 

 

Y lo que empezó siendo un té y una cerveza con pistachos terminó con una noodle soup y más bebida… Soy así, la gula me puede.

Estuvimos muchísimo rato sentados hablando de la vida y de futuros destinos, de cuán increíble había sido el día, y de cómo, según pasamos por primera vez la muralla de la ciudad, supimos que era nuestra favorita… se nos hizo bastante de noche.

Pagamos la cuenta 32.000 som y nos marchamos ya que al día siguiente tendríamos que madrugar para ver lo que nos faltó antes de partir hacia Bujará.

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