DÍA 3: Nukus y Jiva

Domingo 19 de marzo de 2017

 

Kikirikiiii … 7:00 de la mañana y el 50% de la expedición de este viaje ya se encuentra en pie (el otro 50% subimos la mano izquierda como si fuéramos a chocar esos 5 pero para indicar que porfi… 5 minutos más).

Bajamos al desayuno y me cambia la cara, como anoche no cenamos (nos fuimos a la cama tempranísimo) sólo pensaba en desayunos contundentes…y lo tuvimos.

Salchichas, huevos, crepes, quesos, tortillas francesas… (estoy escribiendo con tanta hambre ahora mismo que no hago sino saborear ese desayuno con la mente).

Desayunamos con calma pero sin sobremesa porque teníamos muy  poco tiempo para dar una vueltita por la ciudad de Nukus, y visitar su museo.

Nos pusimos en marcha y nos asombraba ver tan poco movimiento en la ciudad, suponemos que es porque es domingo.

La avenida principal está asfaltada, el resto de calles no, aunque el asfalto no es que sea esplendoroso; tampoco nos sorprende en exceso, ayer en Moynaq el contraste fue mucho mayor.

Mientras avanzamos interpretamos que Nukus quiere avanzar, quiere ser moderno… pero la verdad es que no puede. No sé qué opinarán sus habitantes, pero con su permiso, a nosotros nos parece que tiene mucho encanto, no esperábamos que la ciudad fuera así, no es que sea bonita, no voy a mentir, pero mientras vas caminando por sus calles y vas imaginando cómo debe ser la vida en Nukus, es inevitable esbozar algunas sonrisas.

 

 

 

 

 

 

Cuando por fin llegamos a la plaza donde se encuentra el famosísimo Museo de Arte de Nukus, también llamado Museo Igor Savitsky o Museo de Arte de Karakalpakstan, estaba cerrado.

Intentamos buscar algún bar abierto para tomar un café hasta que abrieran el museo, pero nada, fue en vano, todo cerrado, así que nos limitamos a ver cómo trabajaban los operarios de Nukus, afanados en que la fuente de la plaza central funcionara como es debido, o también observando cómo algunos militares ‘peinaban’ (me hace mucha gracia esta expresión) la zona junto con un perro, en busca de cualquier cosa que pudiera alterar el orden de la ciudad…

La verdad es que, sin ánimo de ofender, pero, la ropa de los militares, los policías, oficiales etc del país parece que fue comprada al por mayor en una web china…

 

 

 

En cuanto abrió el museo entramos, ya que sólo tendríamos 25 minutos para estar en él (una verdadera pena).

Pasamos el pequeño control de la entrada, pagamos los tickets (25.000 som/p) y nos obligaron a dejar los bolsos, móviles, cámaras etc en la consigna… La verdad es que nos quedamos un poco contrariados, teníamos todo el dinero etc en los bolsos y no nos hacía mucha gracia, pero la verdad es que los metieron en un compartimento y nos dieron la llave.

No soy nada de museos, no lo somos… pero no sé qué tenía este que invitaba a que pasáramos un rato más grande en él… 

La colección de monedas, los cuadros, las esculturas, la yurta que tienen montada dentro… ¡todo! Mi acompañante no hacía más que meterme prisa y yo entontecía cada vez que veía un cartel explicativo.

Igor Savitsky (ucraniano de nacimiento) se molestó en salvar casi todo aquello, arte uzbeko, ruso y de la zona del karakalpakstan, prohibidos durante la época soviética.

Lo dicho, una pena no poder entretenernos un rato más, pero habíamos quedado a las 11 y queríamos ser puntuales, así que desandamos nuestros pasos, y el trayecto que antes hicimos en 50 minutos parando en cada rincón y observando la vida en Nukus, esta vez lo hicimos en tan sólo 20… (recuerdo unos niños de unos 7 años cuidando de otra niña de unos 2 años y que estaban más preocupados por enderezar las ruedas del carrito del bebé que de mirar lo que ella hacía… la niña cruzó sin apenas mirar el paso de peatón y nos llevamos un pequeño susto… En fin… los niños son niños, seguramente la cuidaban lo mejor que podían).

Llegamos al hotel, me di una ducha express (de lo rápido que volvimos llegué sudando y me negaba a hacer un trayecto de más de 3 horas en coche así como estaba) y nuestro chófer vino a tocarnos la puerta, así que salimos como flechas al coche, hoy nos acompañaría un chico jóven, no sabemos  si para hacerle compañía en el trayecto o que también se quedaría en Jiva.

Total que emprendimos la marcha, con paradita técnica en la típica estación de metano para repostar.

Pensábamos que en este trayecto sí que veríamos poblaciones… pobre de nosotros… desierto y más desierto… vaya cosa. Con su encanto, pero sorprendente, mareante y a ratos aburrido. Mi acompañante decía que podía imaginarse a los camellos atravesando el desierto en plena ruta de la seda.

Cuando llegamos a la “civilización” nuestro chófer y acompañante se pusieron los cinturones para pasar dos controles (no entendemos qué hacían esos controles policiales/militares entre dos ciudades uzbekas), pero eso sí, en cuanto lo pasaron se los quitaron nuevamente…

Tras 3 horas y unos 15 minutos llegamos a Jiva… se nos puso cara de tontitos que no podíamos con ella… Nos despedimos de nuestro chófer y acompañante, le dejamos algo de propinilla (no somos de dejar propina nunca, pero las cosas en Uzbekistán son tan baratas que nos sentíamos mal si no lo hacíamos, además de que el señor había sido muy agradable y a mí no dejaba de recordarme a mi abuelo y me apenaba muchísimo que un señor de esa edad tuviera que ganarse la vida de esa manera. Con esa edad debería haber una ley mundial que indique que estas personas deban estar en casa disfrutando de su vida, sus nietos y del tiempo libre, eso sí, con un sueldo decente garantizado… Esto es demasiado soñar, lo sé)

Y cuando atravesamos la muralla de la ciudad antigua de Jiva, Itchan Kala, nos llevamos un bofetón de preciosidad, vaya cosa… qué ciudad más bonita, cómo atrapa con sólo unos pasos… En ese instante ya sabíamos que sería nuestra nueva ciudad favorita, y una música no dejaba de sonar en mi cabeza, y rezaba así “gran Alí, príncipe Alí, Alí Ababua…” haciendo mayor hincapié en la parte en la que el genio decía “-Aquí radio Pincho Moruno- ¡Ay, tu siempre tan oportuno Bruno!-” xDD. Recuerdos de infancia.

Esta canción me acompañó todo el viaje. Tienen toda la razón aquellos que dicen que parece que en cualquier momento va a salir Aladdín volando en su alfombra mágica.

Nos dirigimos al hotel siguiendo las indicaciones que había en la misma ciudad, estábamos súper contentos de haber elegido un hotel dentro de las murallas.

Una vez dentro nos dieron la habitación y nos dimos cuenta que éramos los únicos huéspedes del hotel… Temporada baja… pero …¿tanto?

La verdad es que el sitio es muy bonito y acogedor. La hija del dueño hace de recepcionista, y me pone un poco nerviosa que cada vez que oye abrir nuestra puerta salga corriendo hacia el mostrador, pobrecilla.

El dueño del hotel nos recomendó que subiéramos a la azotea a admirar un poco las vistas antes de salir a pasear y así hicimos… Y ya con las vistas desde la azotea sí que nos emocionamos.

 

 

Salimos con la idea de pasear sin rumbo fijo, sólo queríamos perdernos un poquito. Peeeeeerooooo, ¡¡¡primero a zampar!!!

Cuando entramos en Itchan Kala vi una terracita muy apetecible y justo ahí fuimos a almorzar, frente al minarete inacabado, el sitio se llamaba Tea House Bir Gumbaz y comimos divinamente, descubriendo la mejor noodle soup de todo Uzbekistán jejeje. Tuvimos unos pequeños inconvenientes a la hora de pedir, ya que no tenían casi nada de la carta, aunque eso no impidió que tuviéramos un buen almuerzo; finalmente pedimos, además de la noodle soup, una sopa uzbeka y un plato de manty variadito (especie de empanadillas al vapor o guisadas con diversos rellenos: carne, papa, espinacas…). Por supuesto, pan, una coca cola y una cerveza local (Sarbast). Una lástima que no sacamos foto de los postres porque estaban buenísimos, no recordamos sus nombres pero uno era una especie de baklava y otro también, valga la redundancia, una especie de milhoja de crema que estaba imposible de buena… (se me cae la baba en pensarlo nada más) (todo por 58.000 som).

 

 

 

 

Tras beber un té (rehusamos pedir café en ninguna de sus variantes ya que no es zona muy “cafetera” y a saber qué nos hubieran dado jeje) nos pusimos en marcha sin rumbo fijo… Caminamos aquí y allí, nos subimos a los tejados de Jiva, descubrimos rincones, paseamos por sus calles viendo los puestitos de souvenirs, meneamos un poco el esqueleto frente al museo de la música ya que justo en la salida tienen un equipo de música “a todo lo que da” en el que suena música uzbeka, salimos a bordear un poco la muralla y acabamos recibiendo pelotazos (en buen sentido) de niños que jugaban a fútbol bajo el cartel de la Ruta de la Seda y que nos miraban con ojillos brillantes al saber que éramos españoles, “Messi Ronaldo Real Madrid…” nos repetían, nos perdimos por las calles donde también hicimos nuestros pinitos como futbolistas ya que algún que otro niño nos pasaba la pelota (por la cara xD) y buscaba el “contacto” con nosotros de alguna manera… Todos querían practicar su “hello”, estábamos verdaderamente encantados.

 

 

 

 

 

Nos sorprendió muchísimo que no había un alma en toda la ciudad cuando caía la tarde… Estuvimos paseando solos todo el rato, se notaba que no era época alta.

Terminamos la tarde en la azotea-terraza del “Terraza Bar”, y aprovechamos para sacar algunas fotos con menos luz y para acercarnos a unos “hornos” que hay justo enfrente.

 

 

 

Pero como no todo en la vida es perfecto… primero decidimos que cenar en la terraza sería soportar un poco de frío innecesario, así que bajamos a la zona de restaurante cubierto… pedimos una cerveza fría (que nos trajeron templadita, como siempre en este país, ni ponen hielo, ni las neveras enfrían, sólo en Tashkent pudimos beber algo fresquito) y pedimos una botella de agua… Pero no tenían agua sin gas, así como tampoco tenían refrescos etc sólo tenían cerveza, una botella de vino y agua con gas…

Estábamos realmente sedientos, necesitábamos beber agua normal y eso unido a que la carta no tenía los precios, decidimos tomarnos la cerveza como pudimos, y marcharnos sin cenar, ya que de verdad no teníamos ni fisco de hambre, sólo teníamos sed por lo que pagamos la cerveza, pasamos por el restaurante del medio día a comprar unas botellas de agua y nos marchamos al hotel, por el camino bromeé con que nos preguntarían sobre la hora a la que queríamos desayunar, como estábamos solos en el hotel… (la otra parte de esta expedición sonrió pero no le puso mucho asunto, ya que todavía le costaba creer que estábamos solos en el hotel) y, ¿qué sucedió? exactamente eso que predije por el camino, nos preguntaron la hora a la que queríamos tener el desayuno xDD. Les dijimos que a las 9 (no queríamos madrugar mucho) y nos fuimos a descansar, al día siguiente nos esperaba un día completito de visitas.

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