DÍA 2: Moynaq

Sábado 18 de marzo de 2017

Riiiiiiiiiiiiinnnnnggg … Suena el despertador en Top Chan Hostel a las 4 de la madrugada…Ni falta que decir que tengo humor de pocos amigos, pero no puedo pararme a pensar mucho en ello, tenemos que estar listos en una hora así que corremos al baño a darnos una duchita y a dejar todo listo, que nos vamos al aeropuerto muy temprano.

Decidimos ir con muchísimo tiempo ya que no sabíamos qué nos íbamos a encontrar.

El taxista nos dejó frente al aeropuerto en una especie de rotonda, le pagamos los 5$ en soms (al cambio que él quiso, pero que a nosotros nos vino bien) y le dejamos algo de propina.

Cuando nos acercamos a la terminal, pensábamos que no estaría abierta, pero sí, antes de acercarnos al edificio tuvimos que pasar un primer control rapidito. Una vez dentro, nos dirigimos al mostrador de Uzbekistán Airways, facturamos las mochilas intentando practicar las dos palabras uzbekas que aprendimos (hola y gracias) mezcladas con nuestras dos frases rusas, lo cual hizo que las chicas del mostrador se mearan de la risa.

Nos cogimos dos cafés amargos en una máquina y nos sentamos a esperar para pasar el control, que no estaba abierto.

Moniamos un poco haciendo fotos y fantaseando con todo lo que haríamos durante el viaje y cuando nos pareció fuimos a pasar el control… la gente que estaba fuera necesitaba que alguien diera el paso a acercarse y preguntara si ya se podía pasar, y esos fuimos nosotros, después se armaron colas para pasar. Menos mal que fuimos de los primeros.

Tomé un capuchino y salimos fuera del único bar de aquel “salón grande” para esperar a que la chica de turno chillara “NUUUUKUUSSS” y cuando ésta lo hizo nos fuimos corriendo hacia ella, teníamos ganas de salir.

Nos montaron en una guagua hasta llegar al avión; pensaba que iríamos en uno de los de hélices porque no había mucha gente, pero no, un avión de los grandes, que para eso era un vuelo de unas 2 horas.

Por supuesto el vuelo no iba lleno. Estábamos esperando el desayuno como agüita de mayo, para poder dormir un ratito antes de aterrizar.

Nos dieron un bocadillo de queso más una bebida a la elección, no estuvo mal, menos da una piedra.

Abrí los ojos cuando estábamos descendiendo… ¡Mi madre! aquello parecía África pero más organizado… no me esperaba que las carreteras no estuvieran empichadas.

Nos bajamos del avión y fuimos caminando hasta “la cinta” de recogida de equipajes. Sí, LA CINTA…porque sólo había una…minúscula, en una habitación igual de minúscula.

Tuve que pasar a la parte de salidas porque necesitaba ir al baño (no hay en la zona de llegadas)… ¡¡ERROR!! casi vomito en aquel baño que no limpiaban hacía meses… xD ahora me río, pero casi me da algo.

Vimos llegar nuestras maletas junto con un montón de bolsas de cemento en una especie de carretilla motorizada, y of course, lo primero que bajaron fue el cemento jejeje.

Ya con las maletas en nuestro poder salimos a la calle y nos fuimos caminando hasta nuestro hotel ya que estaba a unos 10 minutos del aeropuerto.

Menos mal que eran unas mochilas, porque arrastrar con maleta de ruedas por esas “aceras” no hubiera sido muy fácil. Todo estaba lleno de socavones y baches.

Llegamos a nuestro carísimo hotel y nos dejaron pasar a la habitación sin problemas. La habitación no estaba mal, pero no para 56 euros…

Bajamos rápidamente para pactar el precio y la hora de recogida de nuestros siguientes destinos a los que sólo podíamos llegar en ‘taxi’ ( = señor con su coche destartaladillo que nos hará de chofer hoy y mañana)

[Voy en tren hacia Samarkanda, y parece que tiene ruedas y va a trompicones sobre las piedras… muy Talgo y muy español…pero vamos saltuniando]

El recepcionista nos ofrece taxi para ir a Moynaq a ver el cementerio de barcos  y volver a Nukus por 70$ y para ir mañana a Jiva otros 70$, aceptamos, nos parece justo así que no regateamos el precio.

Eran las 9 y algo de la mañana y el taxista nos recogería a las 10 para ponernos rumbo a Moynaq, así que volvemos a la habitación a coger lo necesario y bajamos nuevamente a recepción para reunirnos con nuestro chofer “Abzdiján”.

Nos pusimos en ruta e intentamos hablarle un poco en ruso, a pesar que el suyo era infinitamente mejor que el nuestro, tampoco lo hablaba muy fluido, y eso, unido a nuestro acento hacían un poco imposible mantener una conversación extensa.

3 horas de trayecto dieron para mucho, muchísimo, estábamos embobados con las imágenes de Bujara, Samarcanda, Jiva  etc que habíamos visto en internet, pero no éramos realmente conscientes de lo que íbamos a encontrar, pocas ciudades urbanizadas, coches antiguos (no viejos, antiguos… de esos que en España sacan sólo a pasear los domingos, o de esos que se exponen en ferias -eso sí, un poco peor cuidados aquí-), zonas sin agua potable en las casas y un país completamente rural.

Yo había leído bastantes blogs, pero, o no leí acerca de esto, o la belleza de las ciudades me acaparó todo el espacio de mi mente.

A mitad del trayecto, nuestro  chófer paró en una estación de servicios que ponía en grande METAN… Y nos tuvimos que bajar del coche mientras repostaba, no entendíamos muy bien por qué, pero… le estaban ‘echando la gasolina por delante, los coches tenían abierto el capó’.

Y ya empezamos a fantasear… que si estaba más rebajada la gasolina con agua, que si era de tan mala calidad que mejor la ponían en otro sitio que filtrara mejor … y otra serie de estupideces varias…

Cuando nos subimos nuevamente en el coche el “pestazo” a gas no había quien lo aguantara, “la aguja de la gasolina ni se movió, seguro que tampoco le funciona como la del velocímetro”, dije…

En el trayecto seguimos viendo estaciones de servicio que ponían METAN, PROPAN y PETROL hasta que nos dimos cuenta -menos  mal- de que el coche funcionaba con gas, con metano. Y pasamos a la segunda fase, la de acojonamiento, a ver si esto va a explotar, “seguro que trucan los coches para que funcionen con gas” dijimos (bien nos gusta ponernos dramáticos).

Llegamos a Moynaq un poco cansados de no ver na’ xD , desierto y más desierto. Sólo atravesamos un par de poblaciones pequeñitas al principio, de resto era todo desierto.

Nuestro chófer nos llevó al  museo de la ciudad y nosotros le enseñamos la foto del cementerio de barcos, desesperados, pensando que no nos quería llevar. Encima nos dijo algo en ruso que interpretamos como “no, eso está  lejos, vamos al museo y a almorzar”.

Nos pusimos algo nerviosos así que nos montó en el coche y nos llevó hasta el ‘cementerio’ de barcos, al lugar que años antes estaba cubierto por el Mar de Aral, y que ahora está completamente seco gracias al “buen hacer” humano.

Bajamos hasta los barcos y nos dimos cuenta que lo que realmente dijo el señor era “eso no está lejos, primero vamos al museo y a descansar, barcos después” xD nivel de ruso TOP xDD

Llegaron dos parejitas que pidieron a mi acompañante una foto juntos y mi piojo pegao les pidió lo mismo, siempre haciendo amigos… jejej el caso es que cuando le dio su móvil exclamaron “oh iPhone”, creemos que nunca habían visto uno.

Después de unas fotillos y un paseíllo por los barcos, volvimos a subir las escaleras hasta donde estaba nuestro chófer y le dijimos que estábamos hambrientos. En verdad estábamos preocupados por él, porque era un señor bastante entrado en edad, 70 años largos, más pa’ los 80. Queríamos llevarlo a comer y de paso aprovechar nosotros, aunque podíamos aguantar perfectamente hasta Nukus nuevamente.

Pero cuando preguntábamos dónde se podía comer en Moynaq nos decía que en ningún sitio.

Volvimos al museo y allí que nos quedamos solos, porque nuestro chofer fue con el señor que “custodiaba” el museo, a buscar a la chica que “tenía la llave”… xD

A los 15 minutos volvieron, y menos mal que también trajo la llave del baño porque estábamos ya casi orinándonos encima.

El museo, que en principio la idea nos pareció un tranque (no somos muy de museos) estaba muy bien, nos costó 5.000 som por persona. Había una colección de cuadros pintados por un artista local (o eso entendimos) además de muchas cosas de la época de bonanza de la ciudad. Una cosa que no sabíamos y que conocimos allí, es que hubo una conservera de pescado muy importante.

También tenían algunos animales disecados. En la época en la que llegaba el Mar de Aral había muchísima más fauna en la zona.

En el museo no estábamos solos, habían 3 niños ‘del pueblo’ que entraron también a curiosear.

Cuando acabamos de ver el museo, preguntamos a la chica por un sitio para comer y nos dijo que le indicaría a nuestro chofer, el cual puso una mala cara que no entendíamos… (A todas estas, un señor se montó en el coche con nosotros, e interpretamos que haría el trayecto con nosotros).

Aún así nos paró en el sitio, y una vez dentro nos dijo algo así como “esto está lleno y no es un buen sitio”. La verdad era humilde pero estaba lleno de gente local, y nos hubiera gustado quedarnos.

No entendíamos nada.

Retomamos la marcha… el chofer iba entretenido hablando con su amigo y nosotros comentando lo que habíamos visto, y casi a mitad de camino el chofer para en un sitio en medio de la nada, lleno de camiones y nos dimos cuenta que ese “era el sitio”, aquí es donde quería él comer… aaaaamigo, haberlo dicho antes. Y nosotros agobiados con que al señor le diera un bajón de azúcar.

Pedimos Plov, sopa uzbeka y por supuesto, pan. El sitio en principio pudiera parecer “el restaurante del horror” pero puedo asegurar que fue una de las mejores comidas de todo el viaje (pagamos unos 30.000 som por la comida de los 4).

Cuando terminamos de comer, retomamos la marcha, nos quedaba poco menos de la mitad de trayecto y nosotros comenzábamos a acusar el madrugón de esta mañana.

Los paisajes no dejaban de sorprendernos, cuando se terminó el desierto y aparecían los primeros pueblos, pudimos ver la realidad del país.

Veíamos gente sacando agua de los pozos u horneando algo en los hornos de piedra…

Una vez llegamos al hotel le comentamos al conductor que mañana queríamos irnos a las 11 de la mañana hacia Jiva, ya que íbamos a aprovechar las primeras horas del día para pasear un poco por Nukus y hacer una visita a su museo.

Y con la misma, nos fuimos a la cama porque estábamos reventados.

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