DÍA 1: Aterrizamos en Uzbekistán

Viernes 17 de marzo de 2017

 

Nuestro avión con destino a Tashkent sale a las 21:15, así que dejamos reservado un taxi para las 19:00. Por supuesto, al límite, como siempre entramos en casa a las 19:10 y corriendo cogimos las últimas cosas que nos faltaban y que se me fueron ocurriendo en las últimas horas de trabajo (es lo que tienen hacer las maletas la noche antes y muy tarde, es normal que falten cosas y se nos ocurran en el último momento).

Una vez en el aeropuerto, tras malhumorarnos con el peor control de todos los aeropuertos del mundo, decidimos irnos a por unos capuchinos. No queríamos comer nada, puesto que sabíamos que en el avión nos darían la cena jeje.

Mientras esperábamos para el embarque vimos a alguien conocido y allá que fuimos a dar con ella, es una alegría ver a alguien que conoces por estos lares… Aunque sea de Tasmania y su pronunciación sea tan complicada que entendamos la mitad de lo que dice, pero es de esas personas que transmite paz, y que su palabra más repetida es “beautiful”.

Iba también a Uzbekistán, con otra chica Griega que no conocíamos. Su itinerario era diferente, más bien nuestra sensación fue que no tenían nada muy establecido, iban a improvisar un poco, no estaba mal, pero nosotros preferimos llevar las cosas un poco más “cerradas”.

Una vez en el avión (vaciísimo por cierto), no he comentado que volamos con Air Astana y que el vuelo sería de poco más de 2 horas, el piloto dice que se llamaba Álvaro Mendoza…”español”, dijimos…

Después de la cena (un bocadillo, un paquete de galletas y un yogur) y mientras cumplimentábamos los papeles de entrada al país decidimos poner en práctica nuestro ruso (porque como ya comentamos acerca de nuestro viaje a Moscú, las azafatas tienen un inglés justito, más que justito, casi inexistente) y le preguntamos si el piloto era español a una de las azafatas y nos dijo que sí, que sabían que habían dos españoles en el vuelo y que luego esperáramos para saludar al piloto.

 

 

Eso hicimos, el vuelo se nos pasó rapidísimo entre tontería y tontería y cuando aterrizamos, nos dirigimos a saludar al piloto, que resultó ser de la misma isla que nosotros… eso si son coincidencias y lo demás son tonterías. No saben la ilusión que nos hizo… cosas que a priori pueden parecer simples chorradas, a nosotros nos tuvo con una sonrisa toda la noche. Intercambiamos teléfonos y esperamos verlo pronto.

Una vez pasamos el control de pasaportes sin mucho problema y muy rápidamente, estuvimos esperando un buen rato a que salieran nuestras mochilas (la primera vez que viajamos con mochilas) las cuales habíamos plastificado previamente antes de facturarlas, y que quedaron  tan irreconocibles que una de ellas pasó delante de nuestras narices y no la vimos xD.

 

 

Tras esto, teníamos que pasar por la aduana para declarar todo lo que llevábamos… hubiera ido todo más rápido si en el avión nos hubieran dado otro papel más a cada uno, porque tienes que rellenar uno para que se lo queden ellos, y otro para que te lo quedes tú bien sellado.

Cumplimentamos el documento rápidamente y nos fuimos derechitos a un cajero a sacar soms (la moneda uzbeka) pero aquí ya tuvimos nuestro primer contratiempo, sólo llevábamos billetes de 100 dólares y cuando intentamos sacar moneda uzbeka el cajero únicamente dispensaba dólares y en billetes de 100. Para colmo, la casa de cambio estaba cerrada y ya empezamos a coger nervios.

Le preguntamos a un señor y una chica y nos dijeron que el taxista nos cambiaba… no lo entendimos bien hasta que nos subimos en el taxi.

Antes que nada, al salir a “buscar” el taxi, y lo pongo entre comillas porque son ellos los que van a por ti, negociamos el precio, de novatos se lo repetimos 3 veces por lo menos, ‘only 10 dollars’ (se puede conseguir bastante más barato caminando un poco hacia delante, llegando a la rotonda, pero de eso nos enteramos luego) y el señor con cara de circunstancias diciendo que si 1000 veces xD.

Cuando nos subimos al taxi, no sólo iba el taxista, sino otro señor que nos ofreció cambiar dólares por soms (ahora lo entendíamos todo jeje) y nos relajamos un poco.

Nos ofreció 5.000 som por cada dólar, el cambio ‘real’ es de 1$ = 3500 som más o menos, así que nos pareció perfecto. Fuimos primero a la casa de este señor (o eso creemos) y su hijo menor le entregó una bolsa con billetes, los cuales nos dio porque le pedimos cambio de 200$.

Intentó que cambiáramos 100$ más pero le dijimos que no, preferíamos cambiar poco dinero al principio para ir controlando los gastos, no queríamos irnos a casa con billetes uzbekos sin usar.

Comenzamos a entender un poco lo que previamente habíamos leído, todo el mundo cambia dinero en Uzbekistán, el dinero negro está a la orden del día aquí, y sales ganando siempre.

El único problema es que el billete más grande es de 5.000 que equivale a 1,5$ en cambio “real” – no el que nosotros conseguimos hoy, para nosotros, los 5000 equivalían a 1$- por lo que a poco que cambies 50 – 100$ llevas encima un fajo de billetes que ni Pablo Escobar acabante de cerrar un negocio.

 

 

De camino a nuestro hostel, contamos los billetes, teníamos que tener 200 billetes de 5.000 y así fue.

Cuando llegamos al hostel, pagamos al taxista en som y no le gustó mucho la verdad… pero era ‘lo que había’, todo el mundo quiere dólares aquí…

Una vez en el hostel, el recepcionista nos dijo que en la esquina te daban 7.400 som por dólar… ¬¬ vaya suerte la nuestra jeje. Aunque aún así, sentíamos que no habíamos hecho tan mal cambio.

El hostel iba a servirnos para dormir un poquito y darnos una duchita. Pero nos entretuvimos más de lo necesario haciendo el check in debido a que sólo se podía pagar en dólares y en efectivo, y que no tenían suficientes dólares para cambiarnos así que finalmente decidimos aceptar 50 euros como parte del cambio… Unas cosas … cambio en euros y en dólares a la vez…

Teníamos mucho sueño así que aceptamos, reservamos un taxi para el aeropuerto a las 5 de la mañana, porque nuestro vuelo a Nukus salía a las 7 y queríamos llegar con tiempo porque no sabíamos qué íbamos a encontrarnos, pactamos el precio de 5$ y el recepcionista nos dijo que no salía del aeropuerto internacional, sino de otro aeropuerto que está a 15 minutos que es sólo para vuelos domésticos, yo lo acepté a pies juntitas pero mi acompañante puso caras… hasta que yo le puse más caras aún y le dije que qué iba a decir al respecto…que era un uzbeko explicándonos que siempre te ponen las reservas que es el aeropuerto internacional pero que no es cierto, y finalmente…cedió.

Tras todo esto nos fuimos a la habitación, estaba muy muy bien, muy bien decorada, amplia y cerca del baño, nos dimos  cuenta que no habíamos comprado agua así que mi acompañante fue a por una botella (tuvo que salir del hostel a comprarla) y vino muy feliz porque había practicado ruso.

 

 

Nos dimos una ducha y a la cama.

He de decir  que no pude pegar ojo hasta las 3 de la mañana porque la luz del pasillo entraba por un ventanal y era muy intensa, así como porque había trajín de personas entrando y saliendo y hacían mucho ruido.

Me puse un poco de los nervios, en una hora y algo sonaba mi despertador y yo no había descansado nada…hasta que finalmente me dormí.

 

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