DÍA 5: Vuelta a casa

Lunes 19 de diciembre de 2016

¡¡Vamos que nos vamos!!

No…no fue con este ánimo que me desperté, como siempre, da igual lo que duerma, si 8, 3 ó 5 horas…siempre necesito 5 minutos más.

El colmo de los colmos es que ayer no dejamos preparadas las maletas, así que tras las duchas de despeje tocó lo peor de los viajes…hacer y deshacer maletas, habíamos comprado tortillas mexicanas y totopos porque donde vivimos no se encuentran y yo con antojos que daba miedo, tenía clarísimo que según llegara a casa haría fajitas (lo cual se iría al traste hasta pasados dos días porque no hubo manera de encontrar pechuga de pollo… sí, suena raro, pero sí).

Nos fuimos al aeropuerto con suficiente tiempo de antelación, desde la estación de Kievskaya en metro hasta Belorusskaya -líneas 2 y 5- y una vez allí cogimos el tren express que va del aeropuerto hasta el centro y viceversa.

Tuvimos que esperar media hora, porque el tren sale cada 30 minutos, y en lo que compramos los tickets se fue el de las 7.30. No pasa nada… media horita en la sala de espera se pasan volando, y así fue.

Una vez en el aeropuerto, pasamos todos los controles del mundo mundial (2), facturamos maletas y nos fuimos directitos a desayunar algo, muy a mi pesar, que estuve repitiendo todo el rato que debíamos aguantar, que en el avión nos iban a dar comida, pero nada…

Pedimos una quesadilla para mí y un wrap para mi acompañante además de dos cafés que mmmmmmm de esos ligeritos, con un montón de nata, trozos de chocolatina, caramelo y nubitas jejejeje.

No tuvimos que esperar nada, cuando terminamos de desayunar ya estaban embarcando, así que nos subimos en el avión en un plis, y ya iba yo con la mente puesta en empezar a escribir el segundo día del diario de viaje, así fue; comimos lo mismito que hoy rumbo a París jeje (hoy es viernes).

Y tras el engorroso control de pasaportes, salimos, ya habían montones de “taxis del país” (particulares que hacen de taxi con sus propios coches, algo normal en el país) y tras decirles claramente lo que íbamos a pagar (lo normal para ese trayecto, no intentamos regatear por menos) nos llevó el señor a casa, con mucha pena porque se haya terminado este viaje tan extraño (en el sentido de que no solemos viajar sin organizarlo todo de cabo a rabo, y ya es la segunda vez que vamos a la “aventura”) pero del que acabamos, sobre todo yo, muy encantados.  Echaré de menos a la que bauticé como “ciudad de las monedas”, ya que cada día recogíamos del suelo 4, 5 y hasta 6 monedas (rublos y una moneda bielorusa), creo que la gente no hace por recogerlas ya que hay algunas que no tienen mucho valor.

Digo en alto y claro, ME ENCANTAS MOSCÚ, QUIERO VOLVER A TI, GRACIAS POR TODO, ¡HASTA LA VISTA!

Ahora me tocaba pensar en lavar todo bien rápido para coger el vuelo del viernes con la ropa que queremos llevar, hacer galletas y postales navideñas para la familia.

Ddn

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