Kiev

Sábado 8 de octubre de 2016

 

Despertamos en “villa sueños” (queda bonito leerlo, pero lo digo porque siempre nos despertamos con sueño, da igual las horas que durmamos, 3, 6, 8 10, 12… siempre necesitamos, sobre todo yo, ‘cinco minutos más’) muy muy tempranito, y creo recordar que fueron mis primeros -11 grados desde que llegué, sabía que con la ropita que llevaba puesta no iba lo suficientemente abrigada para pasar nuestro primer día de viaje, pero era “lo que había”, me negué a comprarme ropa abrigada ya que en breve nos llegarían nuestras cajas de la mudanza y ahí tenía todo lo que necesitaba (¡erroooor!)

Nuestro avión con destino a Israel hacía una escala muy larga en Kiev, que por una parte me alegraba mucho, y por otra me preocupaba no ir con ropa adecuada para el fresquito que íbamos a encontrarnos en Kiev.  

Llegamos al aeropuerto de nuestra ciudad a las 3:45, con suficiente tiempo para plastificar maletas, facturar, pasar control de pasaportes y desayunar.

Nuestro avión salía a las 5:10 de la mañana, volábamos con Ukraine Airlines, segunda vez que lo hacíamos, no son aviones muy nuevos que digamos, pero tampoco tuvimos mucho tiempo para analizarlo esta vez, ya que o bien estábamos durmiendo o bien comiendo.

6 horas y 20 minutos nos separaban de Kiev.

Cuando ya quedaba poco para llegar, nos despertamos y empezamos a hablar de las expectativas que teníamos puestas en esta ciudad. Nunca antes habíamos estado, pero en junio habíamos hecho una escala de las de “espabila o pierdes la conexión” (en la que nos dejaron atrás las maletas) y mientras el avión descendía hasta el aeropuerto habíamos disfrutado muchísimo de las vistas obtenidas; un entramado de ríos, laguitos y zonas verdes muy muy bonitos. Con esta escala larga teníamos la oportunidad de descubrir si realmente merecía tanto la pena.

Llegamos bastante puntuales, pasamos el control de pasaportes y fuimos directos a sacar dinero ucraniano (Grivna) y a pedir un taxi en el puestito que hay en el mismo aeropuerto (queríamos llegar pronto al centro, ya que no teníamos mucho tiempo para ver la ciudad).  El taxi nos costó 400 grivnas (unos 14€).  Antes de subirnos al taxi se me ocurrió la brillante idea de comprar dos botellas de agua porque teníamos un poco de sed… 100 grivnas -las dos- (3,5€), precio aeropuerto.

El taxi nos deja en la Plaza de La Independencia: “Maidan Nezalezhnosti” y nos encontramos con una maratón jeje

 

 

 

Aprovechamos para ver un poco la zona; nos entretuvimos viendo el memorial de los caídos durante el Maidán y el famoso reloj del jardín.

 

 

 

No sabemos muy bien por qué, pero estamos muertos de hambre, así que, cruzamos la calle y buscamos un sitio para comer.

 

 

Elegimos un sitio muy pequeñito en medio de la placita, se llamaba франсца (supongo que Francia en ucraniano…) y en serio… no pudimos desayunar mejor ni más barato… 100 grivnas en total por: un “hot dog francés” enorme, un bocadillo de pan chapata y dos capuchinos gigantes (3,5€ … lo mismo que dos botellas de agua en el aeropuerto).

Emprendemos nuestra ruta calle arriba desde el lugar donde desayunamos y llegamos a la torre que da la entrada al recinto donde se encuentra la Catedral de Santa Sofía y entramos, la entrada cuesta 50 grivnas (1,7€ aprox.).

 

 

 

Dimos un rodeo y subimos a la torre de entrada desde donde sacamos unas fotos de la Catedral de Mikhailovsky que se encuentra enfrente, al final de la calle. Recuerdo perfectamente cómo subir las escaleras de la torre me dio un vértigo horroroso.

 

 

Cuando ya teníamos suficiente, suficientes vistas y suficiente vértigo, decidimos acercarnos al centro de la plaza a ver a cuento de qué había tanto revuelo alrededor del monumento de Bohdán Jmelnytsky (un militar importante en la historia de Ucrania), ya que había mucha gente vestida “de época” y algunos coches antiguos.

 

 

 

Estuvimos un fisquito ‘juroneando’ qué pasaba allí, no averiguamos nada (como periodistas no tenemos precio) y decidimos seguir nuestro camino.

Decidimos no ir hacia el frente (para llegar a la Catedral de Mikhailovsky o Monasterio de San Miguel de las cúpulas doradas), sino hacer una ruta un poco más circular y más conveniente.

Atravesamos la “Montmatre de Kiev”, o lo que es lo mismo, la calle Andreevsky Spusk, una de las más importantes y antiguas de Kiev, donde vivían los artesanos y artistas.

 

 

 

Por fin llegamos hasta donde queríamos, que no era otro sitio que donde se encontraba la Iglesia de San Andrés, que por supuestísimo estaba en obras.

 

 

 

Justo en la calle en la que se encuentra la iglesia encontramos muchos puestitos de souvenirs y compramos nuestro imán de la ciudad.

Seguimos nuestro camino para llegar, ahora sí, justo al frente de la Catedral de Mikhailovsky, y la verdad, no hicimos ni el amago de entrar… hicimos algunas fotos por fuera para sacar la catedral y también hacia el otro lado para sacar Santa Sofía al final de la calle en el lado opuesto… y listo.

 

 

Tras pasar un rato en la zona, decidimos que nos dirigiríamos al Mercado central para comer allí y así de paso ver alguna que otra cosita que teníamos apuntada como ‘importante’. Camino al Mercado llegamos a la Zoloti Vorota (Puerta de Oro) que era la antigua puerta de entrada a la ciudad.

 

 

 

No sabemos qué sucede en esta ciudad con los gatos pero en cada rincón hay una estatua, un grafiti, un cuadro… referente a este animal.

En nuestra ruta hacia el Mercado central nos tropezamos con la Ópera de la ciudad, alguna universidad y algún que otro mural pintado en fachadas o laterales de los edificios.

 

 

 

Por fin llegamos al Mercado Bessarabskiy, y la verdad, esperábamos otra cosa por dentro, teníamos la sensación de que iba a ser más grande.

 

 

 

 

Estábamos hambrientos así que decidimos comer en el mismo mercado, aunque no fuera comida típica. Vimos unos woks que tenían súper buena pinta y aprovechando que el sitio (en el mismo mercado) nos dio buena pinta nos quedamos a comer y así aprovechábamos para cargar nuestros móviles que ya no tenían batería.

Nos pasó algo gracioso, las chicas del sitio donde comimos (que se llamaba “Food Market”), nos dijeron que hablaban inglés …  ja ja ja (pobrecillas) primero tuvimos que rectificarles el plato que estaban preparando porque iban a hacer otra cosa y después, tras decirle unas 5 veces “do you have a local beer?” y ellas decir “ahhh yes”, nos trajeron una coronita xD (no tuvimos cuerpo de decirles que no la queríamos, ya la habían abierto…) Eso sí, la comida estaba buenísima y pagamos 179 grivnas (unos 6 euros al cambio).

 

 

Cuando terminamos de comer continuamos la ruta para ver lo siguiente que habíamos marcado, el Estadio del Dinamo de Kiev. En el trayecto seguimos constatando que es la ciudad de los gatos,

 

 

nos tropezamos con algún ministerio y alguna zona antigua muy chachi, además de atravesar el parque Mariinsky .

 

 

Finalmente llegamos al estadio de fútbol pero no nos dejaron acercarnos cuanto hubiéramos querido… Estaban cerrando las vallas y no había manera de entrar.

 

 

 

Al rato de estar merodeando por la zona decidimos que nuestra visita a Kiev tenía que llegar a su fin, estábamos realmente congelados, no estábamos vestidos para afrontar este día con normalidad… Así que calle abajo nos dispusimos a buscar un taxi que nos llevara al aeropuerto (ayy vaya enfado me hizo coger el condenado taxista).

Encontramos un taxi que nos dijo que el precio lo marcaría el taxímetro… Así que estábamos tranquilos, ya que teníamos la referencia del precio de la ida.

Cuando llegamos al aeropuerto y el caballero nos dijo el precio del trayecto nos quedamos muertos, ni siquiera llevábamos tanto efectivo encima, nos cobró más de 1700 grivnas, que al cambio son unos 60 euros, estábamos flipando, le pedimos factura, entró con nosotros hasta el cajero para sacar el dinero que nos faltaba (mucho más de la mitad). Antes de sacar el dinero me acerqué a las señoras que por la mañana nos habían vendido el ticket de ida y les pregunté si ese precio era normal, y su respuesta fue: “esto no es nuestro”, yo les insistía que sólo quería saber si ese precio era normal para si no, seguir reclamando al taxista, ambas se miraron y se echaron a reír y de repente ya no entendían inglés, ni respondían, sólo se decían cosas en ucraniano y se reían… me sucedió lo mismo con la señora de información del aeropuerto. Una auténtica vergüenza. Sabían que estábamos siendo víctimas de una estafa y no querían ayudarnos. El señor taxista empezó a impacientarse, así que decidimos sacar en el cajero el dinero que nos faltaba y pasar el control.

Yo no podía creerlo, comencé a decir que ya no visitaría más el país y alguna que otra lindez de la que ahora me avergüenzo y me arrepiento. Sí que volvería al país, pero tendría muchísimo más cuidado con este tipo de cosas, en las que somos “presa fácil”. En este caso, hubiera contratado un transfer privado por 22€, por ejemplo (tiene guaza, cuando lo vi en internet me pareció caro).

Es una lástima que no se den cuenta que al turismo hay que cuidarlo (en este país y en todos) porque lo mismo yo no vuelvo, pero sí vuelven mis familiares y amigos a los que yo les diré que ni contraten taxi directamente en el aeropuerto (porque no se me olvida la cara de aquellas dos impresentables con sus risotadas) ni cojan un taxi en la calle, mejor que contraten algo privado y con precio cerrado… y así nos iremos “cargando” la autenticidad de los sitios, y esos momentos de intentar comunicarte con el taxista para decirle que vienes de este sitio, que quieres ver lo otro etc etc.

En fin… nos había entrado hambre (el wok y la cerveza la compartimos) así que mientras yo despotricaba lo que podía y más, nos sentamos en un restaurante del aeropuerto para comer algo más contundente, algo de pasta y unos refrescos por 455 grivnas (unos 16€ al cambio).

Mientras hacíamos tiempo para dirigirnos a la puerta de embarque, ya más en frío, comencé a repasar aquellas cosas que nos quedaron por ver de esta ciudad, como: el puente de los candados, el Monasterio de Pechersk Lavra, la Estatua de la Madre Patria, el Museo de la Segunda Guerra Mundial y el callejón de las Ciudades Heroicas.

En el fondo, yo sé que algún día volveré a esta ciudad y visitaré este país que tantísimo tiene que ofrecer.