DÍA 3: Tabgha – Nazareth – Río Jordán – Monasterio de San Jorge

Lunes 10 de octubre de 2016

 

Nos levantamos en nuestro apartamento de Tiberíades y sin mucho remoloneo salimos dirección a Tabgha.

Hicimos un pequeño alto en el camino para admirar el Mar de Galilea.

 

 

No nos detuvimos mucho porque el día iba a ser muuuy largo.

Cuando llegamos a Tabgha dejamos el coche en el parque de la iglesia “de los panes y los peces”, por un módico precio… 10 shekels (2,5€).

Como teníamos algo de hambre, desayunamos en el único bar que vimos allí, bueno… bar lo que se dice bar… era una especie de tienda de souvenirs con una máquina de café (Greg Café).

Nos tomamos dos capuchinos por 26 shekels (6,5€ … nada de broma los capuchinitos) y nos dispusimos a entrar en la iglesia donde según La Biblia Jesús obró el milagro de los panes y los peces porque vimos llegar una guagua llenita de chinos que llenarían la iglesia en 3 2 1.

 

 

 

Siendo muy honestos, esta visita es totalmente prescindible, a no ser que seas muy creyente y por alguna razón especial quieras ir… Pero vamos, nosotros no estuvimos mucho más de 10 minutos en el interior, vimos las baldosas que hacen referencia a la multiplicación de los panes y los peces y con la misma salimos. Además, la iglesia estaba toda en obras.

Tras este breve tiempo en Tabgha, pusimos rumbo a Nazareth, ciudad a la que llegaríamos tras una horita de trayecto.

Tenía ganas yo de llegar a la ciudad donde pasó su niñez Jesús, sabía que a mi abuela le iba a hacer ilusión que estuviera por allí.

Y bueno… ya sabíamos que en este punto comenzaríamos “de verdad” la ruta por todas las iglesias, catedrales, sinagogas y mezquitas… ¿es el encanto de Israel y Palestina? Nah! Yo creo que Israel y Palestina son mucho más.

Cuando llegamos a la ciudad fuimos “víctimas” (así de dramático) del tráfico intenso así que desde que pudimos, no sin antes resoplar muchas veces por los largos parones en pocos metros, nos metimos en un parking descubierto. No recuerdo cuánto pagamos, pero barato no era.

Atravesamos el pequeño zoco para llegar a la Basílica de la Anunciación que es el santuario cristiano más grande en Oriente Medio y, en teoría, fue donde el ángel Gabriel anunció a María que iba a concebir a Jesús, según la tradición católica.

 

 

Nos entretuvimos un buen rato viendo las ruinas bizantinas donde se construyó, la Gruta de la Anunciación y todos los murales de cerámica que había en el exterior, enviados de muchos países, nos hizo ilusión ver La Virgen de Candelaria por allí, aunque no somos creyentes, la tierra tira hasta pa’ esto.

 

 

 

 

 

 

 

Después entramos en otra iglesia que nos “quedaba de camino”, por ‘golifiar’, y cuando salimos nos dispusimos a buscar la Iglesia de San José… No nos aclarábamos bien con su situación en el mapa, no lo entendíamos… Claro… es que acabábamos de salir xD Somos así de estupendos… xDD

 

 

Esta iglesia se supone que fue construida sobre la carpintería de José.

Cuando salimos de este recinto nos dirigimos a la Iglesia Griega Ortodoxa de la Anunciación, a la que también se le conoce como la Iglesia de San Gabriel, donde, según la tradición ortodoxa, la Virgen María estaba sacando agua en el momento de la Anunciación.  La iglesia está situada sobre un manantial subterráneo.

 

Justo en frente hay algunos bares, así que sentimos la necesidad de tomar un par de coca colas, que si bien no recuerdo el precio exacto, ni encuentro el ticket, nos costaron alrededor de 10€.

Estamos viendo que Israel es un país caro, muy caro para nosotros.

Mi acompañante, decide que es mejor subir hasta la Basílica de Jesús el adolescente a pie… yo pongo caras extrañas, no tenemos muchísimo tiempo más en Nazareth, y me parece que es un choleo guapo…pero insiste tanto… que lo hacemos.

Vaya pechadita con perdidita más chachi… Sólo el cielo sabe el enfado que me entró, y más me enfurecí cuando llegamos arriba y lo que vemos nos da la sensación de que no merece la pena ¬¬.

Cuando salimos del sitio en cuestión, emprendimos marcha abajo el mismo camino por el que subimos, pero acortando un poco, y entre alegato y alegato decidimos que comeremos en el primer sitio que encontremos porque necesitamos ponernos en ruta cuanto antes para llegar a nuestro siguiente punto marcado.

Y bueno… ay la comida… unas brochetas en plan “plato combinado”, y otra clavada, unos 50 euros creo recordar… No podemos seguir a este ritmo, si seguimos pagando 50€ por comida vamos a tener que rellenar el tanque de gasolina con aire xD (porque por cierto, la gasolina no es muy barata que digamos…).

Encima la comida era ramplona y mala.

 

 

Con los nervios más calmaditos, y el estómago ‘engañado’ cogemos el coche, y mi acompañante entiende mis inseguridades, íbamos a coger la famosa Carretera 90 por primera vez y no sabíamos lo que nos íbamos a encontrar, por nada quería en esos momentos que se nos hiciera de noche en el trayecto (paranoias que me entran…).

Cuando por fin entramos a la famosísima Carretera 90 sentimos alivio, no era para tanto. Sólo nos impresionaron esas cosas que se ponen en la carretera llenas de pinchos para que un coche no pueda dar marcha atrás, pero nada. Ni siquiera nos pararon, puro trámite.

Nuestra siguiente visita del día iba a ser el Monasterio de San Jorge de Coziba pero a mitad del trayecto veo una señal que indica el lugar del bautismo de Jesús en el río Jordán, la había visto en el blog de Chavetas, lo dije en alto y di volantacito suave sin pensarlo y nos metimos en el camino para llegar al lugar, la cara de mi acompañante era un poema. Yo intentaba calmarlo, los chicos del blog Chavetas habían ido, no era una zona peligrosa.

El trayecto era corto, pero se me hizo larguillo, de repente, volvieron mis paranoias mentales, nos habían aconsejado guías Israelíes en Haifa que no nos desviáramos del camino, y yo, en un arrebato de aventura e improvisación cambio los planes justo en la ruta “sensible”.

Cuando íbamos llegando al control militar dije a mi acompañante que si no era mejor que nos marcháramos de nuevo, pero no quiso. Paramos frente a la valla y la caseta del militar, nos pregunta de dónde venimos y qué hacemos en el país. Le respondemos que somos españoles de vacaciones y nos dice que podemos pasar, a lo que yo respondo ¿no hay problema? Y con una sonrisa me responde que no que es cerca.

Cuando pasamos la barrera respiramos profundo y nos dimos cuenta, que efectivamente estábamos llegando, y cuando aparcamos al lado de varias guaguas de turistas nos dimos cuenta que no había problema.

Nos bajamos y fuimos a bautizarnos xD, yo casi ni toqué el agua, porque estaba sucia sucia sucia, pero mi acompañante se dio unos buenos remojos, al igual que la mayoría de señoras que había allí.

Rellené una botellita de agua para llevársela a mi abuela y a una prima creyente, por si quería bautizar a su hijo con ella.

 

 

 

 

Habían dos militares armados con los que todo el mundo se sacaba foto.

A poquísimos metros de nosotros, se parados por unas boyas, se encontraba la parte que nosotros de incultos denominamos “Palestina”, con sólo 2 turistas y donde también habían dos militares armados.

Mientras sacaba fotos con mi zoom al otro lado decía a mi acompañante que no entendía por qué ondeaban banderas Jordanas… sería porque apoyan la causa Palestina (sí… para matarnos). Pero vamos, que nos fuimos de allí con la firme convicción de que aquello era Palestina.

 

 

 

 

No sería hasta el día siguiente de camino a Masada que descubrimos que lo que había frente a nuestras narices era uno de nuestros países soñados, Jordania… vaya burritos estamos hechos.

Retomamos el camino al Monasterio de San Jorge, pero ya con la idea de que no estaría abierto. Pero queríamos verlo aunque sea a lo lejos.

Íbamos muy felices tras la improvisación; cuando íbamos llegando al Monasterio nos perdimos un poco y metí el coche por un sitio que me dio miedo, lo que hacen los prejuicios (trabajamos para curarnos de ellos), habían un montón de hombres estirados sobre la tierra y un montón de burritos.

Fueron súper amables, y nos indicaron por dónde debíamos ir.

Finalmente llegamos, vimos la cruz en lo alto de la montaña, que indicaba que al frente veríamos el monasterio de lejos.

Un señor que allí había nos dijo que la entrada era más abajo pero que no fuéramos, que estaba cerrado y que no íbamos a encontrar nada agradable, razón tenía el buen hombre.

Subimos a la parte de arriba y sacamos un par de fotos. Es uno de esos lugares mágicos, ya de lejos nos decía que era un lugar TOP.

 

 

 

Haciendo caso omiso al señor de antes fuimos a la zona de “la entrada” pensando que íbamos a encontrar una mejor perspectiva para una foto, pero no, no se veía nada.

Sólo había unos cuantos impresentables tratando de vendernos cosas de manera intimidatoria.

Volvimos a ponernos en marcha, teníamos que llegar a Jerusalén, que sería nuestro campamento base los siguientes 4 días y ya contábamos con que llegaríamos de noche.

Una vez llegamos a Jerusalén dimos vueltas como locos, el gps del móvil nos metía por zonas que daban (como diría Martita Moreno) miedito. Sufría cada vez que tenía pasar por una calle con coches aparcados, todo era tan estrecho que pensaba que rozaría el coche en cualquier momento.

Determinamos que era mejor aparcar en un parking de pago, 30 shekels (7€ aprox.) era descubierto y estaba cerca de la tumba de Oskar Schindler que queríamos aprovechar para ver antes de ir al hostel.

Por supuesto ya estaba cerrado el cementerio, así que volvimos a sacar el coche del parking, ERROOOOOORRRR, y comenzamos a dar vueltas como tontos, ¿por qué? Pues en gran parte gracias al señor dueño de nuestro hostel que indica en booking con su santa y benditísima cara que el hostel tiene parking propio y gratuito junto al mismo.

Y claro, el gps nos indicaba que teníamos que entrar por la Puerta de Dung, yo no lo tenía nada claro, y mi acompañante me insistía que entrara por ahí a lo que yo decía siempre “vamos a ver, no vemos entrar coches por ahí,  y en medio hay plantados montón de militares bien armados que pueden pensar que vamos a atentar o algo, y yo sólo con que levanten el cacho arma ese me dejo mear encima” (textual). Y efectivamente yo tenía razón.

Si no dimos 11 vueltas a la muralla, no dimos menos. Y luego, tras un rato analizando el mapa de google caímos en la cuenta que éste nos indicaba que dejáramos el coche y entráramos caminando. Por lo que volvimos al mismo parking y pagamos los 60 shekels que costaba dejarlo toda la noche. El parking estaba muy cerca del cementerio donde está enterrado Oskar Schindler. La verdad que esa noche rabiamos asunto parking, tuvimos que pagar 2 veces, pero al final, cogimos cariño al dueño y su hijo, y nos hicieron descuentillo.

Cogimos las maletas y caminando nos dirigimos al hostel. Tuvimos que pasar un control de metales porque la puerta por la que debíamos entrar era la que daba acceso al Muro de las Lamentaciones.

Cuando nos orientamos un fisco llegamos al callejón donde estaba nuestro hostel y unos militares (que están ahí siempre) que primero no nos dejaban pasar, nuestra casa era un poema,  hasta que les nombramos “Chain Gate Hostel” y nos dieron acceso, ahora lo entendíamos, era una zona importante, y por la noche la controlaban muchísimo, el hostel estaba en la salida de la Explanada de las Mezquitas.

Entramos en el hostel pidiendo explicaciones por el tema del parking, a lo que el dueño se hacía el sueco y decía que podíamos aparcar gratis (sí, la noche del sabbat era gratis, en la calle, siempre y cuando encontraras algún hueco… lo cual es casi imposible). No seguimos insistiendo con el señor, nos dimos cuenta que se estaba haciendo el loco, lo dimos por imposible.

El siguiente problema fue al pagar, por supuesto tenía el datáfono estropeado y nos hizo pagar en efectivo (después comprendimos que ese datáfono “nunca funcionaba”). Otro contratiempo más.

Lo único bueno fue que esa noche, tenían la habitación con baño libre y nos la dejaron para nosotros, al día siguiente tendríamos que cambiar a la habitación doble con baño compartido que habíamos contratado, y comenzaría el horror.

Dejamos las cosas y salimos en busca de algún sitio para comer. Los militares de nuestra calle nos recomendaron ir al Barrio Judío. Tuvimos que pasar algún que otro control para acceder a esa zona, pero no estaba muy lejos de la nuestra (Barrio Musulmán).

Y tras constatar que todo estaba lleno a reventar decidimos comer en el Pizza Delic, unas pizzas y unos refrescos por 90 shekels (23€), no estaba mal, repetiríamos el sitio.

Conocimos allí a chico judío que nos ayudó a pedir porque la dependienta  no nos entendía  nada.

Comimos agusto y nos volvimos al hostel pronto y nos acostamos.

Estábamos cansadísimos, pero con ganas de más. Mañana nos esperaba un día muy chachi, una de las cosas que más nos apetecían, darnos un baño en el Mar Muerto.

 

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