DÍA 2: Cesárea – Haifa – Acre

Domingo 09 de octubre de 2016

 

Sonó muy tempranito el despertador y nos dispusimos a darnos una ducha… ehmmmm… “¿yo me duché anoche ahí? ¿sin poner ni una pega?” Lo que hace el sueño…

Vaya asquito de baño… Yo soy quien siempre se pone en sus 13 con que los alojamientos son sólo para ducharse y dormir… pero también soy quien más pegas pone una vez estamos en ellos, soy quien los reserva y quien más se lamenta; vaya ‘megde’ de sitio.

No era nada eso en comparación con la cocina… dos señoras friendo papas en aquella cocinilla que en serio… vaya ASCO de cocina, dejamos a mitad el desayuno que nos preparamos (lo teníamos incluido), yo suelo ser quien más problemas pone a los alojamientos, y que mi acompañante dijera que aquello “FOS” un FOS tan canario como la copa de un pino, advierte de la realidad de aquella porquera-cocina xDD (en fin… aventurillas, dejémoslo así, en aventurillas, ahora me echo unas risas).

Metemos los bártulos en el coche y nos dirigimos a Cesárea (a 60 kms de Tel Aviv) sólo el señor bendito, los pokémons y los angry birds saben la de rodeos que dimos para llegar al acueducto romano… Bueno, Marwan también lo ha de saber, porque tuvo que darnos dos conciertos completitos hasta que dimos con el sitio.

Cuando por fin dimos con el sitio nos llevamos la primera cachetada de calor… con razón había gente allí dándose chapuzones (a pesar de haber carteles que prohibían el baño).

 

 

Después de nuestra visita al acueducto, sobre las 11:20 ya estábamos en el aparcamiento de la Ciudad de los Cruzados.

La entrada a la ciudad nos costó 39 shekels/p (unos 10€/p, no muy barato que digamos).

Antes de recorrer la ciudad compramos unos helados y una botella de agua (el mío estaba muy malo y lo tuve que tirar, 15 shekels a la basura), por los que pagamos lo mismo que una entrada al parque (40 shekels en total).

Estuvimos un par de horas caminando por el recinto viendo la catedral, el Templo de Herodes Augusto, los restos de casas y surtidores de mármol, además de acercarnos a ver también, para terminar nuestra visita, como colofón, el teatro romano, que al igual de el de Mérida, sigue en uso.

 

 

 

 

 

 

 

 

La verdad es que terminamos encantados con la visita, me vinieron a la mente mil imágenes de nuestras visitas a Epidauro, Atenas, Roma, Pompeya…

Muy satisfechos con lo que vimos, compramos un par de botellas de agua (el calor era horrible), cogimos nuestro coche y nos marchamos rumbo al siguiente punto de nuestra ruta, Haifa.

Tras unos 35 minutos de trayecto, llegamos a nuestro destino. Decidimos que nuestra primera parada sería la Cueva de Elías, aparcamos justo bajo la pechada que nos conduciría a pie hasta nuestro destino.

Y llegamos a uno de los lugares más sagrados para los judíos… y qué poquito en forma estoy ‘:)

 

 

 

 

No podría describir muy bien mis sensaciones en el lugar, pero desde luego no fue un sitio que me dejara indiferente, y no puedo explicar realmente el por qué, no sé si para bien o para mal, pero tenía una especie de sentimientos encontrados.

Había una mujer llorando de pie con su frente pegada a la pared, y rezaba. En ese momento me sentí mal, no comprendía por qué no podía yo darle el valor que realmente tiene el sitio, puede ser desconocimiento profundo de lo que el sitio significa para los judíos.

En cualquier caso, creo que supimos respetar en todo momento, desde que entramos y hasta que salimos, lo sagrado del lugar para tantísimas personas.

En cuanto al lugar en sí… creo que está tal cual el primer día, tuve la sensación que podía venirse abajo en cualquier momento.

Al salir de la cueva descubrimos que el teleférico que sube al Monte Carmelo está un poco más abajo de donde hemos aparcado, así que nos montamos en el coche y aparcamos justo en el terraplén que hay al lado del lugar de donde sale el teleférico y vamos raudos a comprar los tickets para subirnos.

Pagamos 31 shekels cada uno (8 euritos fresquitos al cambio) y nos subimos, junto con los guías turísticos de un grupo que fue repartido en el resto de cabinas.

 

 

 

Una vez en la cabina aprovechamos para preguntar a los guías sobre la famosa Carretera 90 y nos dijeron que no había problemas pero que no hiciéramos paradas en ella, que no nos recomendaban Jericó por ejemplo (lo teníamos en mente, pero no nos dio tiempo. No dejamos de ir por la recomendación en sí, sino por falta de tiempo).

Una vez en la cima nos dirigimos al mirador para admirar las vistas de la ciudad, el día estaba despejadísimo por lo que pudimos disfrutarlas.

Decidimos comer justo ahí, en el primer restaurante que vimos, teníamos hambre y estábamos planteándonos dejar el resto de visitas en Haifa e irnos a la siguiente ciudad.

Nos metimos en el restaurante Shawatina, y pedimos un popurrí de cosas, preguntamos al camarero si no sería demasiado, que qué nos recomendaba… Y su respuesta era que no, que era incluso poco…

Cuando empezaron a traernos todos aquellos platos nuestra cara era un poema…

 

 

Dejé de sacar fotos, pero lo que se ve en la imagen es sólo una pequeña parte de lo que trajeron…le preguntamos 100 millones de veces qué era lo que incluía el mini surtido de ensaladas y nos respondió que “dos cosillas típicas” y claro… como teníamos hambre… venga a pedir calamares y de todo… Cuando vimos aquel camarero ‘ajundido’ de salsas, humus, ensaladas de todo tipo, quesos etc no sabíamos para donde mirar.

Pero no fue todo… cuando habíamos decidido parar de comer (me da muchísima pena y vergüenza tirar comida, y más en un restaurante donde todo el mundo puede ver lo irresponsable que puedes llegar a ser mientras hay tantísima gente tan necesitada…) porque no nos cabía nada, el camarero nos insiste que por favor cojamos los postres, y nosotros venga a decir que no, pero él erre que erre, que era cosa suya, que nos los invitaba…

Siendo muy sinceros, la comida estaba buenísima.

Cuando vino la cuenta flipamos… nos había incluido los postres, pero no queríamos discutir, así que pagamos los 209 shekels (53€ excesivos para nuestro presupuesto) y cuando nos íbamos a marchar el señor se puso a decirnos que si no le dejábamos propina, que se portó genial, que nos dio postre…como si lo hubiera regalado… y pasamos, simplemente lo dejamos alegando solo, y salimos avergonzados del lugar.

Respiramos profundo y nos fuimos a coger de nuevo el teleférico pero esta vez para bajar (en el precio teníamos incluida la vuelta), vaya vistas más bonitas que que se ven desde el teleférico.

 

 

Durante el almuerzo, que no homenaje, porque los homenajes se disfrutan, decidimos que deberíamos ir a ver los jardines Baha’i, pensábamos no acercanos ya que queríamos llegar con tiempo de dar un buen paseo a Acre, pero tras meditarlo mucho, cogimos el coche y allí fuimos.

Entramos como a mitad de los jardines, la entrada es gratuita, sólo hay que pasar un control de seguridad. Dimos un breve paseo y rápidamente  nos dimos cuenta que estábamos a añísimos luz (xD) de la perspectiva que queríamos captar… la de lo alto de los jardines.

Desandamos los pasos y hablamos con la chica de la entrada que nos indicó como buenamente pudo cómo llegar a la entrada de la parte de arriba de los jardines.

Nosotros of course le dijimos a todo yes yes yes… Y por supuestísimo dimos más vueltas que un trompo, pero llegamos… jejeje

 

 

Una vez aparcados, nos acercamos y una vez más nos dimos cuenta que la hubiéramos “cagado” si nos hubiéramos ido sin las vistas más famosas de la ciudad.

Había una pareja haciéndose sus fotos de boda en los jardines, les quedarían unas fotos guapísimas.

Tras un rato hablando y mirando embobadillos las vistas, nos metimos en el coche y pusimos rumbo a Acre que se encontraba a 25 kms de Haifa. 

Antes de salir de Haifa, callejeando con el coche tuvimos la suerte de tropezar con los jardines vistos desde abajo, y la verdad que son también una pasada vistos desde esta perspectiva, lo recomendamos enormemente.

Nos dejamos alguna cosilla en el tintero por falta de tiempo, como por ejemplo Faro de Stella Maris, el Monasterio de las Carmelitas o un paseo a pie por el barrio Wadi Nisnas. Para la próxima…

Cuando llegamos a Acre y comenzamos a vislumbrar alguna mezquita dijimos “ahora sí que estamos en nuestra salsa”… ¡vaya ciudad bonita joder! (y perdón por la palabra). No sé qué tienen las mezquitas y todo el arte y construcciones musulmanes que hacen que tenga una fijación ‘imposible’, suena a poesía, pero me atrapa, me embelesa y hasta respiro diferente.

Aparcamos fuera de la muralla para recorrer tranquilamente la ciudad a pie.

El primer sitio que visitamos fue el Túnel de Los Templarios, que estuvo sepultado hasta 1994. La entrada nos costó 15 shekels, 4€/p aprox.

Estuvimos un rato embobados paseando por la ciudad, camino a nuestro siguiente visita, la Mezquita Al Jazzar, por el camino tropezamos con la Mezquita El-Zeituna.

 

 

 

 

Llegamos a la Mezquita Al-Jazzar (segunda más grande de Israel) y salió de la nada y corriendo un señor a cobrarnos la entrada, no recuerdo nada cuánto pudimos pagar por entrar, pero no tengo en mente que fuera caro, si fuera caro me acordaría xD.

 

 

 

 

 

No es la mezquita más bonita que hemos visitado, pero como todas…tenía su ‘aquello’.

Mi mente viaja a través de las imágenes, que seguramente sólo yo pueda comprender (la calidad no es la más buena… xD somos un desastre fotográficamente hablando, pero me sacan una sonrisa todas y cada una de las fotos que voy viendo).

Cuando está ya atardeciendo, y tras haber estado entontecidos paseando por la ciudad y comprando el imán de recuerdo, decidimos subir a la muralla (gratuita) para tener una visión desde las alturas, esa que tanto nos gusta de las ciudades.

 

 

 

 

 

Cuando nos damos cuenta, está cayendo la noche y tenemos que irnos hacia Tiberíades, no porque vayamos a visitar esa ciudad, sino porque habíamos decidido que era mejor ir a dormir un poco más cerca de la primera visita de nuestro siguiente día.

Nos pusimos en marcha y llegamos al estudio en unos 50 minutos. Aparcamos justo al lado del edificio donde se encontraba nuestro alojamiento, en un terraplén gratuito. La verdad es que el apartamento estaba muy bien. La única pega es que el dueño no nos dejó pagar con tarjeta, algo con lo que no contábamos, y tuvimos que pagar con el efectivo que teníamos para los siguientes días. Así que al día siguiente tuvimos que volver a sacar algo de dinero.

Ducha y cama, no cenamos esta noche, arrastrábamos pesadez de estómago desde el almuerzo, y estábamos derrotados, pero nos iríamos a dormir muy contentos. Nos estaba gustando mucho lo que estábamos viendo.

 

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