Escapada al Cañón Charyn, los lagos Kolsai y Kaindy + Almaty city

El 18 de abril de 2017 decidimos que en el puente de mayo (sí, en Kazajistán también hay un puente en mayo), nos iríamos a hacer esa primera escapada que estaba en nuestro top 10 de Kazajistán, el Cañón Sharyn (o Charyn) y los lagos Kolsai y el Kaindy, así que compramos los tickets de tren destino Almaty.

Ir en avión era un poco más caro y queríamos probar la experiencia de viajar en Talgo en Kazajistán, así que una vez comprados los tickets de tren en primera clase (49€ ida y 36€ vuelta, cada uno) contactamos con tres personas en Indy-Guide que ofrecían la excursión que queríamos.

Elegimos los de primera clase porque una clase intermedia que existía ya no tenía cupo (si dejas estas cosas para última hora es lo que pasa).

En un principio nuestra idea era hacer las dos excursiones diferenciadas y con base en Almaty, es decir, volver a dormir cada noche a Almaty, pero dos de los guías nos insistieron en que era demasiado “tute” ir y volver cada día, y que la excursión que nos ofrecían, necesariamente sería haciendo una noche en Saty.

Como habíamos estado en la feria de turismo de Asia Central y habíamos cogido un par de tarjetas de algunas empresas que ofrecían excursiones, decidimos probar suerte y sí, nos hacían el itinerario que nosotros queríamos (ida y vuelta cada día hasta Almaty) pero casi triplicaba el coste total, por lo que descartamos totalmente esta opción, además de que ahora a toro pasado, no recomendaríamos a nadie hacer esto, porque las distancias y carreteras son tan “chunguis” que mejor hacer noche a medio camino, a no ser que no se hagan en días seguidos, sino que se tenga un día o dos en medio para descansar y hacer turismo más cerca en Almaty. En este caso sí que sería una opción, pero qué quieren que les digamos… después de todo, no cambiamos el haber dormido en Saty.

Cuando uno de los guías de indy-guide nos dijo que finalmente no tendría disponibilidad, sólo nos quedaba una opción, por 450$ en total, que nos pareció bastante justa. Este precio incluía lo siguiente:

  • Transporte desde y hasta nuestro hotel.
  • Comidas de todos los días.
  • Vehículo 4×4, combustible y guía.
  • Alojamiento en casa local en Saty (o Sata).
  • Sauna en la casa local (en caso de desearlo).
  • Entradas a parques nacionales.

Teníamos la opción de pagar 350$ sin tener las comidas, ni el alojamiento ni las entradas a los parques nacionales incluídos, pero nos pareció mejor el “todo incluído”, ya que no sabíamos cómo iba a ser la cosa de alojamientos, supermercados y demás, y hoy por hoy, una vez vivida la experiencia creemos que fue la mejor opción.

 

Sábado 06 de mayo de 2017

 

No quiero ni pensar a qué hora sonó el despertador, bien me cuesta levantarme, el caso es que a las 8:15 de la mañana ya estábamos esperando nuestro tren en la estación. Más de una hora antes… desde luego no sabemos calcular las distancias y llegamos tempranísimo o tarde a todos los sitios.

Una vez nos dejaron pasar dentro del tren respiramos tranquilos, podríamos dormir una larga siesta si quisiéramos, y teníamos nuestro propio baño (es lo que tiene ir en primera clase y pagar una millonada).

Nos hacía bastante gracia leer las indicaciones en español, al ser un tren Talgo no habían cambiado ni las pegatinas ni la tv ni na’.

 

 

 

Las 14 horas y 35 minutos que duró el trayecto la pasamos haciendo cosas: dormir, leer, trabajar, mirar por la ventana… Fue bastante entretenido, más de lo que pareciera, sobre todo porque ir mirando el paisaje kazajo tiene su “aquello”, es tan cambiante que sorprende.

Hicimos una salida al vagón restaurante para cenar. No recordamos con exactitud cuánto nos costó la comida, pero con total seguridad fue menos de 15 euros en total.

 

 

Una vez llegamos a la estación Almaty-2 salimos en busca de un taxi que nos llevara al hotel que habíamos elegido para pasar esta y la última noche. Pactamos 1500 tenge y eso le pagamos.

Una vez entramos en el hotel pensábamos que estábamos en un hotel de una peli de terror, madre mía que horror por dentro… Encima, nos hicieron pagar en efectivo y tontos de nosotros accedimos a ello.

El ascensor daba la sensación de que se iba a parar en cualquier momento, pero no era lo peor… más miedo daban aquellos pasillos enormes, tétricos y vacíos.

Recuerdo que nos dieron una habitación en la última planta y que cuando entramos en la habitación mi cabreo no hizo más que aumentar, empecé a temer que hubieran chinches (no las había), pero la pinta era horrorosa. Tal fue el mosqueo que bajamos a decirles que en booking decía que podíamos pagar con tarjeta, que nos habían fastidiado y que si a la vuelta (en dos días) no podíamos pagar con tarjeta queríamos que nos cancelaran las reserva gratuitamente y que nos buscaríamos otro sitio.

Por supuesto se pusieron tontillos, pero desde que les nombramos que llamaríamos a booking, sorprendentemente cambiaron de actitud y nos dijeron que nos cancelarían la reserva siguiente sin problema (y así fue).

– Estoy cansadísima de que pongan que se puede pagar con tarjeta y que al llegar a los locales no podamos y nos quedemos colgados de dinero en el momento, o que tengamos que sacar en cajeros y tragarnos la comisión porque los hoteles/hostels/albergues no nos avisen de que su datáfono no funciona o que directamente no tengan. Esto no es sólo en Kazajistán, lo decimos en general.

El hotel en cuestión era el Turkestán hotel, que en booking tiene un 7,5 de nota (no entendemos el cómo) y que en las fotos se ve humilde (como el 95% de los hoteles en los que nos alojamos siempre), pero llegar y ver muebles rotos, baño sucio, mal olor etc…

El precio estaba más que ajustado, 20 euros por noche con desayuno incluído. Y habrá quien diga “pues por ese precio qué quieres” y mi respuesta es y siempre será: que sean limpios y que cumplan con lo estipulado, nada más. Porque me hace gracia, si la cama tuviera una pata rota y el colchón colgara de un lado, ¿también tendría que aguantarme? Pues no, por menos dinero hemos dormido en sitios humildes pero limpios y cuyos dueños no trataban de tomarnos el pelo.

Tras una ducha con premio, sí, con premio porque de la ducha salían una especie de “cisquitos” entre marrones y negros que venían estupendos para aquellos que se quieren dar una ducha pero no quieren acabar limpios xDD.

Y … ¡a dormir! No sin antes buscar otro hotel para la vuelta.

 

Domingo 07 de mayo de 2017

 

A las 7:30 de la mañana ya estaba nuestro conductor, Stepan (la persona que ofertaba el tour, Andrey, no estaba disponible estos días, así que mandó a otra persona en su lugar), esperándonos frente al hotel. Llovía a mares.

Con él iría también una amiga suya, lo cual en principio no nos molestó.

Por el camino paramos a ver cómo hacían el pan kazajo y además, Stepan compró unos manti, que son unos panes rellenos de carne.

Tardamos unas 3 horas en llegar hasta nuestra primera parada, el Cañón Sharyn. Los 212 kms de trayecto por carreteras reguleras a través de la estepa kazaja bien merecieron la pena, vaya maravilla.

A menudo, el Sharyn Canyon es comparado con el Gran Cañón de los EEUU debido a su forma similar, aunque el Cañón Sharyn es algo más pequeño.

 

 

 

Había bastante gente, bajaban de dos guaguas un grupo de niños y de la otra uno deadultos.

Como nuestro coche era 4×4 pudimos hacer el descenso al fondo del cañón en el mismo, aunque íbamos haciendo paradas por el camino para hacer fotos. En una de estas paradas, dos niñas se acercaron a la amiga de nuestro conductor para decirle que si no me importaba sacarme una foto con ellas. Y claro que no jejeje. Estaré ahora en todos los facebooks kazajos xDD.

 

 

 

 

 

Una vez abajo vimos el curso del río, la fuerza que lleva es impresionante. Existe un pequeño campamento de yurtas, por si alguien se quiere quedar, un bar-restaurante y una zona de merendero para comer.

 

 

 

 

Mientras nuestro guía preparaba la comida, nosotros nos acercamos al río para tocar el agua y comprobar que estaba congelada además de para hacer unas fotos; y también aprovechamos para ir al baño (cosa que no recomendamos si no es estrictamente necesario porque esos agujeros en el suelo no se vacían desde el día que se crearon, y sale uno de allí con pocas o ningunas ganas de comer).

La comida constaba de unos sandwiches que nos había preparado Stepan además de dulces, café o té, y pan kazajo que acompañaríamos de un queso estupendo, tomate y pepino.

Estuvimos un buen rato de sobremesa.

Tras la comida decidimos ponernos en marcha de nuevo, había que llegar al pueblo de Saty que estaba a unas 2 horas de trayecto desde allí.

Se me había olvidado que lo mismo que bajamos con el coche, tendríamos que subirlo, y aquello lo sufrí… vamos que si lo sufrí… con los ojos cerrados iba mientras Ale disfrutaba del coche subiendo por aquellos morros.

Durante el trayecto a Saty (Саты o Сати si lo ponemos en google maps) hicimos algunas paradas donde pudimos observar el cauce del río desde un mirador espectacular, unos puestos de control militares antiguos enclavados en las montañas con vistas a la frontera con China.

 

 

 

 

Una vez llegamos a Saty fuimos directos a la casa de la familia que nos iba a alojar.

Saty es un pueblo muy rural, donde no hay 3G, apenas hay una venta donde comprar alguna cosa. Es un pueblo con unas vistas a la montaña, impresionantes.

La familia que nos hospedaba tenía un terreno vallado en el que había una gran huerta, dos casas pequeñas muy juntas entre sí, un pequeño establo y estaban construyendo lo que nos dijeron sería en el futuro un pequeño bar y un pequeñísimo hostel.

 

 

 

La parte de la casa en la que estuvimos constaba de una pequeña entrada con una habitación a la izquierda cuyo suelo estaba lleno de alfombras, después entrabas en la puerta de la derecha a un recibidor con una mesa grande, una nevera, una mini cocina de leña y un lavabo, sí, un lavabo. En esa estancia habían dos puertas que daban a dos habitaciones que en cada una de ellas había varias camas, nosotros nos quedaríamos en la del fondo.

 

 

La mesa estaba puesta, pan, galletas, mermeladas, y, además, la mujer tenía al fuego en esa cocina un caldero de plov (arroz con verdura y carne muy típico de Asia Central, sobre todo de Uzbekistán).

 

 

 

Cenamos los 4 juntos muy temprano, mientras cenaba bebimos té con leche tan típico de Kazajistán, no estamos acostumbrados a beber cosas calientes con comidas tan copiosas. Para ser honestos, la carne estaba más dura que una piedra, pero el sabor del arroz era bastante bueno. Estaba bastante aceitoso. Por lo general, para combatir el frío hacen las comidas bastante grasientas y pesadas. No les juzgo por ello, y menos después de cerciorarnos de que no tenían ningún tipo de calefacción más que alguna estufa de leña.

 

 

 

Preguntamos por el baño y… tachán tachaaaannn, saliendo a mano izquierda había un rectángulo vertical de madera con una puertita y un agujero en la tierra, aquél era el váter. No pude orinar dentro… lo reconozco. Ale sí, pero yo tuve que hacerlo por fuera por un ladito xD Vaya cosas xDD.

 

 

Salimos a dar un paseo por el pueblo para conocerlo un poco más. Las vacas y demás animales campaban a sus anchas por las calles.

 

 

 

 

 

A nuestra vuelta preguntamos si podíamos darnos una ducha, ya que no habíamos visto ninguna, y para nuestra sorpresa no, no podíamos, sí queríamos una sauna sí, pero de duchas nada.

Me entró el aquello de persona que se ducha como 3 veces al día, obsesa… Creo que tendrían que habérnoslo avisado, pero bueno, iba a ser sólo una noche. Se me pasó el shock en cuanto encontré las toallitas húmedas.

Pero lo bueno vino después, cuando me “lancé” en la cama y recibí un porrazo chachi… no había colchón mi niño… una base de madera cubierta con mantas… Me entró la risa nerviosa xD Y decidimos coger todas las mantas de las camas pequeñas para hacernos una base algo más mullidita y nos acurrucamos, porque el frío nos estaba calando los huesos.

 

Lunes 08 de mayo de 2016

 

Amanece en Saty, y a las 8:30 ya estamos preparados para desayunar.

Como no podía ser de otra manera, la señora nos había preparado comida a expuertas, gachas, huevos, pan kazajo (un tipo concreto, que se llama Baursak, viene a ser una especie de masa frita buenísima), café, té, pan, galletas… hambre no íbamos a pasar.

 

 

Nos ponemos rumbo a los lagos Kolsai, Saty es prácticamente la puerta de entrada a este parque nacional, tardamos en llegar más o menos una hora. A la entrada del parque nuestro guía nos pidió los pasaportes porque los necesitaba para comprar los tickets.

Cuando aparcamos el coche, nos bajamos y nos asomamos… alucinamos, literalmente. Vaya estampa bonita, increíble. Poco podemos contar. Hicimos muchas fotos, bajamos y comenzamos a hacer el sendero que nos llevaría al primero de los lagos desde la parte contraria. Ahí hicimos una parada estratégica para beber agua y comer algo.

A Ale y a mí se nos ocurrió la fantástica idea de descalzarnos y cruzar el riachuelillo a pie para llegar al inicio del lago. Digo fantástica idea porque llegamos a pensar que tendrían que amputarnos los pies por hipotermia, vaya congelamiento xD. No nos arrepentimos, más bien todo lo contrario… estuve repitiendo todo el rato que algún día tendríamos que acampar allí, algún agosto que el agua estuviera con una temperatura óptima para el baño.

Vimos una barquita que cruzaba el lago pero no preguntamos ni el precio ni cuánto se tardaba. Preferimos hacerlo a pie.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por una razón que no acabábamos de entender, no podíamos seguir adelante, no pudimos llegar al siguiente lago, porque según el guía no nos daría tiempo de llegar después de comer al lago Kaindy, otro de los puntos fuertes del día.

Mi cara era un poema, resulta que nos levantamos “tarde” por recomendación suya y ahora no tendríamos tiempo de completar los lagos Kolsai.

Aceptamos la “sugerencia”, pero por supuesto nuestra cara frente a ellos cambió radicalmente. Estuvimos todo el viaje oyendo a la amiga del guía que estaba cumpliendo su sueño haciendo este viaje con nosotros, cosa que nos parecía bien, pero en más de una ocasión nos pareció que era ella la que tomaba las decisiones. Si teníamos que compartir el viaje con alguien más con voz y voto, consideramos que también deberíamos haber compartido gastos…

Como no queríamos fastidiarnos más el día, disfrutamos la vuelta al coche.

Una vez llegamos a la casa, tuvimos que esperar bastante tiempo para comer. Tiempo que aprovechamos para acercarnos a la zona que estaban construyendo, así como hasta la zona donde habían puesto “los fogones” que era en un lado de la huerta que había detrás de la casa principal. Desde aquí teníamos unas vistas a las montañas impresionantes.

 

 

 

 

 

 

 

A la hora de la comida volvimos a alucinar con la cantidad de comida que nos habían preparado. Esta vez nos habían preparado lagman, que es una sopa muy espesa de fideos largos con carne papas y verduras. Buenísimo.

 

 

 

Finalizado el almuerzo, nos despedimos de la familia y agradecimos tanta hospitalidad. La hija menor vino hasta el coche a decirnos adiós y nuestro guía le dio un plátano que comenzó a comérselo en el acto, ya que la fruta y según qué tipo de verduras son muy complicadas encontrarlas en las grandes ciudades, imagino en este pueblito.

El camino para llegar al siguiente lago, el más especial del día, estaba hecho una porquería por culpa de la lluvia. Algunos caminos había que improvisarlos pasando sobre el río con el coche, y yo, por supuesto, sufriendo.

Una vez llegamos arriba tan sólo habían unos señores que te ofrecían sus caballos para bajar el desnivel que suponía llegar al lago. Nosotros no estábamos interesados, pero otra pareja que llegó después de nosotros, sí.

Emprendimos el descenso sufriendo, porque íbamos pensando ya cómo sería la subida de vuelta, pero en cuanto llegamos y vimos esta maravilla de lago, se nos olvidó todo.

No podíamos creerlo, estábamos allí, en el lago Kaindy, en las montañas Alatau Kungey. Este lago es especial porque de él sobresalen troncos de pino. En este lugar no siempre hubo un lago, éste se formó tras el terremoto de Kebin en 1911, y los troncos han permanecido intactos desde entonces debido a la temperatura del agua.

El Kaindy es también muy popular para el buceo. Cada año, decenas de submarinistas desafían las bajas temperaturas para nadar entre las ramas de los árboles.

Nosotros quedamos encantados.

 

 

 

 

 

 

 

El camino de vuelta fue como lo esperábamos, duro. Pero tampoco fue la muerte. Una vez llegamos a la cima emprendimos nuestra vuelta a la ciudad. Esta vez a un hotel diferente, el Resident Hotel Almaty por 31 euros con desayuno incluído.

 

Martes 09 de mayo de 2017

 

Nos despertamos muy relajados, la noche antes dormimos muy a gusto. Dormir duchaditos y en un colchón se nota, pero siendo honestos, aunque parezca una tontería, acabamos encantados de haber dormido en la casa de la familia local. Con lo pejiguera que me puse yo con la ducha… si es que doy lata pa’ na’.

Como quedaban bastantes horas para que saliera nuestro tren, planeamos salir a conocer un poco más de la ciudad (tan sólo unas semanas antes habíamos estado en la feria de turismo de la ciudad y aprovechamos para conocer dos de sus puntos fuertes, el Medeu y subimos también a Kok Tobe -montaña en la que hay una zona de recreo y ski- en funicular, pero esto lo dejamos para otro diario).

Nuestro uber nos recogió en el hotel y nos dejó en la Mezquita Central. A la mezquita se puede entrar sin problemas, en Kazajistán son bastante abiertos en cuanto a tema de religión, hay que tener en cuenta que durante el tiempo que permanecieron en la URSS la religión estaba prohibida, lo cual ha derivado en una visión  mucho más “tolerante”.

Nosotros decidimos no entrar porque teníamos ganas de seguir caminando un poco más por la ciudad y aprovechar así un poco más el día.

 

 

 

Subimos calle arriba en busca del “Mercado Verde”. Vaya obsesión tenemos por los mercados. Luego no compramos nada más que imanes y nos bebemos algún que otro jugo, pero siempre vamos a todos, no sabemos por qué, pero nos encanta… xD

En este “pedazo de cacho de gran mercado” se puede encontrar de todo, ropa, tecnología, comida, recuerdos…

 

 

 

 

 

 

 

Cuando nos dimos por satisfechos, salimos del mercado y pusimos rumbo al Parque Panfilov y a poco que seguimos calle arriba empezamos a darnos cuenta que algo andaba un poco raro. Sabíamos que Almaty era una ciudad muy concurrida, pero no podíamos dar dos pasos sin tropezar con gente, había colas de coches, pitazos por doquier y nos percatamos que la mayoría de la gente portaba un cartel con una foto antigua. ¿Una manifestación? Pues no… resulta ser que era el 9 de marzo, y nosotros sin entender lo que ese día significaba para los kazajos. No es que fuera un día importante, es que era el día en el que “ganaron la guerra patria”, así textual nos lo comunicaron. Y todos los kazajos (suponemos que rusos y demás aliados también lo harán en sus países) salen a la calle cada 9 de marzo a lucir con orgullo sus insignias, recuerdos, y las fotos de los familiares caídos en batalla, a los cuales se les recuerda y presume con orgullo y honores.

Resulta que de camino al parque queríamos hacer fotos en algunos monumentos, lo cual era imposible de lo abarrotado de gente que estaba. En el mismo parque habían escenarios y puestos diversos de comida, información etc.

 

 

 

 

 

Todos querían una foto con los veteranos de guerra condecorados, que salieron a la calle con sus uniformes y galardones (o como haya que referirse a las medallas).

 

 

 

 

Nosotros lo que íbamos buscando en ese parque era la Catedral ortodoxa de la Ascensión que se conoce también como Catedral Zenkov en honor a su arquitecto, cuya peculiaridad más relevante es que está construida íntegramente en madera y está encajada sin haber utilizado ni un sólo clavo. Es la segunda catedral de madera más alto del mundo.

Y como pudimos nos hicimos hueco entre la multitud y hasta pudimos entrar en su interior.

 

 

 

 

 

A la salida estuvimos un buen rato viendo el espectáculo. La gente estaba disfrutando muchísimo. Nos arrancamos a bailar con alguna música que sonaba en el escenario y nos dimos cuenta que lo mejor sería dar por concluidas las visitas del día. Daba igual a dónde quisiéramos ir, iba a estar abarrotado. Así que decidimos coger otro uber e ir hasta el nuevo Centro Comercial Mega a comer algo (nada típico, unos platos de pasta más tiramisú nada baratos, unos 35 euros) para justo después pasar por nuestro hotel a recoger las maletas e irnos a la estación de tren.

 

 

 

Nuestro tren salió en hora, a las 19:04 dirección Astana a donde llegaríamos puntuales también después de 13 horas y media de trayecto que en su mayoría pasamos durmiendo.